Cádiz enamora con su embrujo

Cádiz es uno de los destinos que destacan por la calidez de sus habitantes y por algunos de sus encantos: playas magníficas y más de 3.000 años de historia.

La tacita de plata tiene el encanto especial de vivir hacia el mar

A la hora de buscar un viaje para las vacaciones, muchos buscan grandes ciudades europeas que le puedan ofrecer innumerables visitas culturales y monumentos históricos de interés. Otros, sólo buscan un lugar dónde poder relajarse, ya sea en una revitalizante zona montañosa o en la arena de unas paradisíacas playas caribeñas. En cambio, hay algunas ciudades que sin ser especialmente conocidas por algunos de estos atractivos, son visitados por miles de turistas cada año. Es más, a su regreso estos turistas sólo pueden hablar maravillas de su destino. Son esos lugares que enamoran a primera vista. Uno de ellos es Cádiz, la llamada tacita de plata, así en diminutivo cariñoso. Porque Cádiz créeme que te hará quererla sin darte cuenta.

Resulta un poco paradójico que el recuerdo principal que se tiene de una visita a la capital gaditana sea lo bien recibido que te sientes gracias a la amabilidad de sus gentes. A veces, se trata de una característica que la Organización Mundial del Turismo no puede medir ni calificar en sus análisis, pero que es una marca registrada de Cádiz. Y es que parece que esa alegría que transmiten los gaditanos, ese buen humor que desprenden, sea porque están felices de vivir dónde vive, en ese pequeño rincón del mediterráneo que lleva brillando desde hace más de 3.000 años. Es Cádiz, y eso es mucho.

Los barrios gaditanos tienen una gran personalidad y se diferencian unos de otros, ya que han conservado sus particularidades propias. Los vecinos hacen mucha vida de calle y cada barrio es por lo tanto como un micro cosmos particular. Es una ciudad donde la gente se familiariza rápidamente con su vecino y eso le confiere ese aire tal especial. El gaditano es una persona afable y comunicadora, siempre con la sonrisa pegada en la boca y contando alguna anécdota con esa alegría tan de Caí, como ellos se enorgullecen al definirlo.


Una de las cosas que debes tener claro es que se trata de una ciudad que hay que caminarla. Pero que disponer de un transporte se antoja como imprescindible para visitar, además de la propia capital, otras poblaciones u puntos de interés de la provincia como Jerez, Vejer, Medina Sidonia, El Puerto de Santa María, Arcos de la frontera, San Fernando, Zahara de los Atunes, Trafalgar, Tarifa, Chiclana, Gibraltar, las ruinas de Baelo Claudia, la ruta de los pueblos blancos y Sanlúcar. Un recorrido exigente para avezados viajantes o, en el mejor de los casos, si no te da tiempo de visitar todos estos destinos ya tienes una nueva excusa para volver a visitar esta milenaria ciudad.

Su privilegiada situación geográfica, en el punto europeo más cercano a África, a tan sólo a 14 kilómetros de distancia, siendo el extremo más meridional de España y de Europa. Está bañado por dos mares, el Mediterráneo y el Atlántico, esta estratégica posición geográfica le confiere un clima singular y templado y una gran luminosidad, con 3.200 horas de sol al año. Además de unas condiciones óptimas también para el turismo de sol y playas, como para el turismo rural en numerosas áreas naturales protegidas y en los pueblos blancos de sus serranías.

Precisamente, su costa es uno de sus principales reclamos. Con una muy buena oferta hotelera en el litoral es muy fácil escoger alguno de los buenos hoteles de playa de Cádiz. Sus playas de arena blanca y fina, aguas trasparentes. En sus 260 kilometros de costa podremos disfrutar playas casi vírgenes como otras urbanas y dotadas de las más modernas infraestructuras. Calas donde poder disfrutar de un día en familia o las más salvajes, ideales para la práctica de deportes acuáticos como el surf y el windsurfing.

Ya se sabe que la playa es una visita que abre el apetito y te entra mucha sed. Por suerte, en Cádiz dispone de los mejores Chiringuitos del país. Y es que la vida veraniega y nocturna mira al mar, y estos establecimientos se convierten en los referentes indiscutibles. El buen ambiente, la brisa marina, el fino, la caballa y la copita, tan sólo lo encontrará en cualquiera de los Chiringuitos de la playa.

Las más famosas son la Caleta, que se encuentra situada en el casco antiguo, con el fondo de las fortalezas de Santa Catalina y San Sebastián y con el Balneario de la Palma, ofrece un bello recorrido y unas vistas espectaculares; la Victoria, con un gran paseo marítimo, ofrece una playa amplísima, con infinidad de restaurantes y chiringuitos, que invitan a pasar una jornada apasionante, tanto diurna como nocturna; y, por último, la Cortadura, que es la continuación de la anterior, es el mejor exponente de lo natural, se mezclan la vegetación, las dunas y los fondos rocosos, siendo esta playa la más grande la de la ciudad.

Entre las numerosas visitas que se pueden hacer en la ciudad de Cádiz, una de las imprescindibles es la del Castillo de San Sebastián, una fortaleza que fue construida a inicios del siglo XVIII en la isla del mismo nombre. Consta de dos espacios abaluartados asentados en cada una de las isletas. El primero, el verdadero castillo, es de planta irregular, algo alargado, y con nueve lados. Posee parapetos, cañoneras, dos fosos de agua y puentes levadizos, uno que daba a la plaza de armas, en dirección a la ciudad, y otro, en el frente noroeste, que unía con el resto de la isla donde se encontraba la ermita y la torre-faro. En la segunda isla, igualmente amurada, se yergue el actual faro, construido en el año 1908.

Otro lugar especial es el Parque Genovés, en el extremo suroccidental de la ciudad. Abierto sobre el Océano Atlántico, formado parte de la ronda de baluartes y murallas que antiguamente protegían la ciudad de los peligros que venían del mar. Se trata de un parque donde hay especies y ejemplares muy interesantes llegados de distintas partes del mundo como Canadá y Japón, situados por zonas, lo que le convierten en un paraje botánico importante. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XVIII. En definitiva, Cádiz es mucho más de lo que se puede visitar. Hay que vivirla, respirar sus calles, hablarla y trasnocharla en sus veladas playeras.

Fotografía: Christopher Walker

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