Ámsterdam no quiere que los malos turistas vuelvan

Ámsterdam ha disfrutado de gran tranquilidad durante la pandemia, así que ahora no quieren volver a la situación complicada del pasado.

La pandemia ha creado una crisis en el turismo a lo largo y ancho del mundo, pero esto también ha generado oportunidades para que muchas ciudades “descubran” qué ocurre cuando no hay turistas. Y si bien en algunos casos se está deseando que los turistas vuelvan, en otros el sentimiento es totalmente contrario. En Ámsterdam, por ejemplo, han iniciado una campaña online con la cual intentan extender la idea entre los turistas de que, si visitan la ciudad, tendrían que comportarse de una manera civilizada.

La inversión supera los 100 mil euros y está siendo realmente ambiciosa. Los vecinos trabajan en conjunto para conseguir que se produzca este cambio. El motivo es que, como indicamos, durante la pandemia han visto que hay una vida distinta ahí fuera esperándoles. Una vida en la cual no se tengan que preocupar por tener borrachos en sus calles, personas drogadas paseando en los alrededores del río o turistas que solo vienen a la ciudad buscando los favores de profesionales de la calle.

En lugar de tener que aguantar a esas personas, lo que se han acostumbrado a hacer los habitantes de Ámsterdam es disfrutar de las terrazas, pasarlo bien en sus calles y no tener que preocuparse por el ambiente que hay durante la noche. Ahora temen que todo eso se pierda, porque con la reapertura del turismo, creen que los viajeros llegarán a Ámsterdam con la misma intención de siempre.

Los vecinos de Ámsterdam son conscientes de que necesitan el turismo. Saben que lo necesitan para que se mantengan abiertos los restaurantes de la ciudad, los hoteles e incluso los museos. Entienden que es un mal que hay que soportar y tolerar, pero no por ello no van a luchar para que la situación pueda cambiar, aunque solo sea un poco.

Para ello están haciendo campaña intentando convencer a los viajeros que vengan a Ámsterdam de que tienen que comportarse de una forma conveniente. No quieren que la gente se pare en las calles a fumar, a beber, a drogarse y a tener malos comportamientos que molesten a los vecinos y que resulten incívicos. No van a cambiar la esencia de Ámsterdam ni la libertad que caracteriza al lugar, pero esperan que se produzca un movimiento de cambio por el cual todo el mundo ceda, desde ambas partes, a fin de poder convivir. De una manera educada y elegante, dejan claro que, si vienes a Ámsterdam debe ser para comportarte, para pasarlo bien dentro de unos límites coherentes y de comportamiento adecuado. Hablan de las maravillas que tiene la ciudad para otro tipo de turismo, sus museos, sus zonas históricas, monumentos y otros elementos que resultan de gran atractivo.

También piden a los turistas que hagan tres cosas: beber dentro de los locales, orinar en los urinarios y ser tranquilos y no hacer ruido. Con eso, los turistas pueden tener un comportamiento que encaje en lo que Ámsterdam quiere de ellos. Pero, como se menciona, esto no significa que vayan a cambiar las largas tradiciones, ni el acceso al Barrio Rojo, que, por ahora, seguirá en el mismo sitio. Dicen desde el ayuntamiento que están valorando varias posibilidades sobre qué hacer con el barrio rojo, porque no quieren que continúe estando en el lugar donde se encuentra ahora.

Los planes son trasladarlo a las afueras de la ciudad o incluso abrir lo que se conoce como un hotel especial en el cual se reunirán todos los profesionales de esta industria organizados por plantas, habitaciones y de una manera que resulte eficiente. Eso es lo que el ayuntamiento cree que ayudaría a que la imagen de la ciudad mejore, pero los profesionales de esta industria no están de acuerdo. Han hablado de cómo la construcción de un edificio de estas características repercutiría en que su seguridad se pondría en jaque y que podría exponer a estos hombres y mujeres a un nivel de riesgo importante.

Por ello, de momento, la localización de las propuestas de Ámsterdam continúa en el mismo sitio. Pero esto no significa que los visitantes no deban hacer algunos cambios en sus hábitos. Sobre si los harán o no, hay dudas. De momento se van a mantener las multas por escándalo público o por orinar en la calle. Se intentará que las autoridades sean más estrictas y que así se controle mejor la zona.

Los principales turistas a los que se dirige Ámsterdam son los británicos, que forman el núcleo de sus visitantes. Tras estos, también se refieren a alemanes y belgas, quienes también cuentan con mucha costumbre de visitar Ámsterdam con la intención de desmelenarse. No todos los vecinos tienen confianza en que el plan saldrá bien, ya que, si bien hay personas que creen que Ámsterdam cambiará, en general hay muchas dudas acerca de la viabilidad de este proceso. Pero esperemos que Ámsterdam lo consiga.

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