La estación central de Nueva York cumple 100 años

Esta inmensa estación de ferrocarriles ha aparecido en multitud de películas y series de televisión, y este año cumple su 100 aniversario. Un completo calendario de eventos nos invita a participar de la celebración.

Transporta alrededor de 125.000 pasajeros al día, y recibe además medio millón de visitantes. Cuenta con 67 vías y 44 andenes, que se dice pronto. También con una rica oferta de ocio y restauración, a modo de 103 comercios y unas 10.000 comidas diarias servidas. Pero algún día no fue más que el sueño de un grupo de ingenieros, dirigido por William Wilgus, obsesionados en construir una infraestructura avanzada a su tiempo y a la altura de la Gran Manzana. Una estación que, además, dejara atrás el triste recuerdo de un accidente ferroviario.

Y así empezó la historia de la Grand Central Terminal (o Grand Central Station) de Nueva York. Un proyecto que acabó con la antigua terminal, con un complicado y peligroso sistema de raíles, e instauró un sistema moderno, organizado y adaptado a la llegada del ferrocarril eléctrico. Tras diez años de trabajo, la estación abrió sus puertas en 1903, y se estrenó con un tren procedente de Harlem y con la salida de un ferrocarril hacia Boston.

Un siglo más tarde, en 2013, la ciudad conmemora su centenario. Y para celebrarlo, el pasado 1 de febrero tuvo lugar una maratón de 12 horas llena de actividades. Música, danza, exposiciones multimedia… E incluso la presencia de estrellas internacionales, como la actriz Cynthia Nixon (‘Sexo en Nueva York’). Pero una de las iniciativas con mayor éxito fue la apertura de todas las tiendas del recinto a precios de 1913. ¡No siempre se puede comprar un pañuelo de seda por dos dólares!

El mencionado fue el plato fuerte de las celebraciones, pero durante todo el año la Grand Central está de gala. Se podrán visitar varias muestras de arte y realizar tours, ya sea en compañía de un guía o con audioguía, hasta finales de 2012. Y en los meses venideros está prevista una noche dedicada a la poesía y una muestra de ferrocarriles antiguos, entre otras propuestas. Las podéis encontrar todas en la web de la Grand Central Terminal.

Sin embargo, desde aquí os recomendamos aprovechar la visita para saciar la curiosidad. Por ejemplo, podréis observar multitud de hojas de roble y bellotas en la decoración de la terminal. Un elemento simbólico que nace de un dicho popular: «From an acorn a mighty oak shall grow» («De una bellota puede crecer un bello roble»). Cornelius Vanderbilt, un ciudadano humilde que hizo fortuna gracias al transporte marítimo y ferroviario, le tenía un gran cariño a esta frase y la perpetuó a modo de símbolo personal.

Otra curiosidad de la terminal es la Galería de los Susurros, situada cerca del restaurante más antiguo de la estación, el Oyster Bar. Se dice que, gracias a su acústica, los susurros pueden oírse en la otra punta de la sala. La anécdota lo ha convertido en un lugar muy preciado para declararse a la pareja.

Finalmente, existe una puerta secreta que lleva al andén 61. Aquel que presuntamente utilizaba Franklin Roosevelt para ocultar al mundo su parálisis. Los trabajadores de la estación pueden mostrarnos dónde se encuentra.

La suma de curiosidades, un repleto calendario de eventos y una arquitectura impresionante hace de esta estación una visita imperdible. Más aún cuando ha aparecido en multitud de películas y series de televisión, y hoy forma parte de todos nosotros.

Vía: Las Provincias, ABC.

Foto: Paul Lowry.

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