Guías y tours gratuitos, ¿evolución o intrusismo?

Criticados por los guías acreditados, gozan de una gran aceptación popular y proliferan por las ciudades más turísticas de Europa.

En alguna ocasión hemos hablado aquí de los tours gratuitos que ofrecen varias empresas europeas. Conducidos por guías jóvenes, documentados y de discurso ameno, lo normal es salir muy satisfecho de estas experiencias. De hecho, eso es lo que podemos leer en el grueso de opiniones de clientes en internet.

Muchas veces estos tours se utilizan como gancho para otros de pago, aprovechando el carisma de quienes los llevan a cabo. Ello hace que los guías se tomen su trabajo más en serio, y que nunca defallezcan en su entusiasmo.

En cualquier caso, estos tours gratis esperan por parte del guía una compensación económica a modo de propina. Recuerdo que en un artículo destaqué este tema para cuestionar hasta qué punto eran gratuitos, y un guía me replicó mencionando la cara que se me quedaría a mí si, tras el esfuerzo, la gente me diera los centimillos que lleva sueltos en el bolsillo.

Razón no le faltaba. Pero también es cierto que, en ese caso, lo que cuestionaría no es la actitud de un cliente que se ha unido a un «free tour». Él no ha decidido las reglas del juego, solo se ha sumado a ellas. Hay alguien que le ha dejado un producto en bandeja y ha valorado en coste cero mi esfuerzo, mi capacidad y mi tiempo.

En otro orden de cosas, el método ha levantado ampollas entre los guías acreditados, quienes pasan un duro examen para poder ejercer en una ciudad o en sus espacios culturales. Vemos ejemplos en este artículo de El País, o en este otro de el diario El Mundo.

Argumentan su alta capacitación y dejan en evidencia errores cometidos por esta «nueva hornada» de guías. Y también dejan caer que, en caso de sufrir un accidente en un tour con personal no acreditado, no hay seguro médico que cubra al afectado.

Pese a sus esfuerzos, basta con leer los comentarios del artículo de El Mundo para ver que generan el rechazo popular. Quizás por solidaridad con quien hace bien su trabajo, o quizás por no criticar aquello que ya te está bien. Al fin y al cabo, quién puede resistirse a un tour de calidad y a un coste cero.

Así que la aceptación popular acaba ganando a la denuncia del colectivo de guías, e incluso a las grandes trabas que las autoridades españolas ponen a los guías no acreditados para hacer su labor en edificios públicos. Sin ir más lejos, está prohibido ejercer sin acreditación oficial en el Museo del Prado o en la Pedrera.

Al final estos tours gratuitos, viviendo al margen de la legalidad, no solo no cesan sino que proliferan. En España, en Europa y probablemente en todo el mundo occidental. El debate está servido.

Cada uno puede hacerse la opinión que quiera al respecto. Simplemente pensemos por un momento si esta libertad no abre las puertas a una precariedad en el sector, como veíamos más arriba.

Ser guía es conocer los entresijos de una ciudad. También saber explicarlos de un modo didáctico, pero a la vez ameno e interesante. Vigilar que nadie se haga daño o se pierda por el camino. Dejarse la voz para conseguir llegar a todo el mundo, y pasar muchas horas de pie.

De hecho, ser guía es más difícil cuando no se es guía acreditado, y no se trabaja ni con audioguías, ni con la estabilidad de un nuevo grupo mañana por la mañana. Por eso el trabajo del guía merece un reconocimiento. Así que tire por donde tire el sector, deberíamos ir con cuidado de no cargarnos lo esencial: los derechos vinculados a un oficio.

Foto: Rikard Fröberg.

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