Aerotrópolis, ¿las futuras ciudades del mundo globalizado?

El concepto apoya el desarrollo de ciudades alrededor de los aeropuertos para favorecer la producción, el comercio y los negocios internacionales.

Ciudad aeropuerto

El concepto se gestó hace muchos años, en 1939, cuando un señor llamado Nicholas DeSantos presentó la imagen de un aeropuerto ubicado en el terrado de un rascacielos de Nueva York para la revista Popular Science.

Mucho ha llovido desde entonces. Pero con el auge del mundo globalizado, esa idea que en su día pudo parecer estrambótica ha cobrado una gran relevancia. Sobre todo gracias a la buena propaganda que le ha dado el Dr. John D. Kasarda, experto en comercio aéreo, y para el cual aquel concepto novedoso se ha convertido casi en obsesión.

En terminología moderna aquel rascacielos se llama ‘Aerotrópolis’. Y más que acercar el aeropuerto al centro de la ciudad, lo que propone es construir la ciudad alrededor del aeropuerto. Empezaría a desarrollarse basándose en los negocios, el comercio, la oferta de ocio y hotelera, pero cobraría semejante vida que acabaría desarrollando un núcleo residencial propio. E incluso su propia área metropolitana.

Según Kasarda, el fenómeno es inevitable. Los aeropuertos cumplen el rol que hace 200 años cumplían los puertos, que hace 100 cumplían las conexiones ferroviarias y que en las últimas décadas han cubierto las carreteras. Si hace siglos las ciudades se desarrollaban alrededor de los principales núcleos comerciales, lo mismo debería suceder ahora.

Y ahora, según su opinión, los negocios internacionales se mueven alrededor de la figura del aeropuerto. Muchas empresas producen sus productos en más de un país, por lo que el paso por un determinado centro de producción debe ser eficiente y veloz. A menor distancia entre aeródromo e industria, mayor rapidez en la entrega.

A ello se suma un creciente número de viajeros de negocios, que acuden a las ciudades durante horas o como mucho un par de días, y para los cuales la carencia de desplazamientos es un beneficio en inversión de tiempo. Y además, todo el movimiento que envuelve el tráfico aéreo. Desde aerolíneas comerciales hasta compañías de cargo, que pasan solo unas horas en tierra y que necesitan de servicios a su alcance.

La insistencia de Kasarda en este término no es un capricho, sino una necesidad. La lógica ya está propiciando la construcción de ‘segundas ciudades’ alrededor de los aeropuertos, hasta ahora ubicados en la periferia de grandes urbes. En consecuencia, se corre el peligro de que estos núcleos secundarios no se desarrollen de una forma lógica y organizada, y que en un futuro se llegue a un ‘cuello de embudo’ que impida un mayor crecimiento.

Hay países del mundo que ya han adoptado este concepto de aerotrópolis. El ejemplo paradigmático es Songdo, que se extiende alrededor del Aeropuerto de Incheon en Seúl (Corea del Sur). Sin embargo, también han surgido las voces críticas. Algunas abogan a los efectos que una futura carencia de petróleo podría tener en el tráfico aéreo tal y como lo entendemos hoy, mientras que otras afirman que muchos procesos productivos aún dependen de otros medios de transporte. Por ejemplo, aquellos que requieren de piezas de gran envergadura.

Necesario o no, lo cierto es que los primeros indicios de aerotrópolis ya se desarrollan de forma natural alrededor de nuestros aeropuertos. Así que, ¿quién sabe lo que nos depara el futuro? Por ahora lo único que podemos hacer es opinar sobre ello.

Foto / Nicola sence 1972

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