¿Hay riesgo de coronavirus por viajar en avión?

Desde Estados Unidos publican un estudio en el cual se presenta una prueba realizada que confirma la seguridad que existe de viajar en avión respecto a la COVID-19.

Una de las preguntas que se hacen muchas personas relacionadas con la COVID-19 reside en el nivel de riesgo que existe cuando viajamos en avión. Hay quienes creen que nos estamos exponiendo a un riesgo enorme, mientras que otras personas defienden que no hay nada de lo que preocuparse. Pero en un momento u otro todos hemos oído que alguien que ha viajado en avión se ha terminado contagiando del virus durante el vuelo, porque dio negativo antes del vuelo y positivo al llegar.

Un nuevo estudio aporta datos muy positivos

El riesgo y la preocupación, por lo tanto, están ahí. Pero en ocasiones aparecen estudios que aportan nueva información y que, como en este caso, nos intentan relajar un poco. En este caso la investigación de la que hablamos la ha llevado a cabo una colaboración entre la DARPA y el departamento de transporte de los Estados Unidos. Los resultados indican que el riesgo al que se enfrentan los viajeros que utilizan el avión como forma de transporte es «prácticamente inexistente». Eso sí, siempre y cuando cumplan con una condición fundamental: que utilicen mascarilla.

Las pruebas se han realizado con un riguroso estudio en un contexto real, con vuelos de largo recorrido en aviones Boeing 777 y 767, que por su frecuencia en las flotas de las aerolíneas eran los modelos más lógicos para la investigación. Durante el experimento se han medido varios parámetros, como la cantidad de aerosoles con opciones de ser contagiosos que se han transmitido.

Para que el experimento fuera eficaz lo que se hizo fue «infectar» (de forma simulada, por supuesto), a un maniquí que viajaba en los vuelos y que ayudaba a ver el nivel de exposición al que se encontraban los otros pasajeros. El maniquí, bautizado como Ruth, expuso a todos los pasajeros, pero en especial a los que se encontraban en su alrededor, sentados a su lado, detrás o delante. Se llevaron a cabo alrededor de 300 pruebas de infección a lo largo de más de una semana en la que los responsables del estudio contaron con la colaboración de la aerolínea United Airlines.

Los resultados fueron muy positivos, ya que en un 99,7% las partículas que se encontraban infectadas en el maniquí fueron eliminadas con rapidez cuando Ruth se introdujo en el avión. En 5 minutos después de la subida de Ruth al avión, gracias a los sistemas de ventilación que tienen los aviones habilitados para enfrentarse a la COVID-19, las partículas ya se habían eliminado, como vemos, prácticamente en el 100%. Durante esos cinco minutos Ruth todavía no había llegado ni siquiera a su asiento, lo que significa que las personas más expuestas al contagio no se expusieron realmente a todas las partículas infecciosas. Aunque el 99,7% de la eliminación se aplicaba a los pasajeros cercanos a Ruth, cuando se hablaba de las personas de alrededor, un volumen de 40 asientos en la cercanía del maniquí, el porcentaje aumentaba de manera exitosa hasta el 99,99% de eliminación.

Las dudas que arroja el estudio

A nadie se le escapa que la investigación ha sido bastante inocente con el objetivo de aportar unos resultados positivos que ayuden a que se reduzca el nerviosismo por viajar en avión o por viajar en general. Al fin y al cabo, se ha realizado un estudio con un solo pasajero portando el virus y también se tienen en cuenta distintos factores que son pura «casualidad». Por ejemplo, todos los demás pasajeros estaban usando la mascarilla de una manera correcta, lo que significa que se impidió que el virus se extendiera entre distintas personas del avión.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que ese maniquí infectado, Ruth, tuvo que llegar desde la entrada del avión hasta su asiento en el mismo. El estudio utiliza esa franja de cinco minutos como comodín para argumentar que durante ese tiempo el sistema de ventilación tuvo margen suficiente para actuar y eliminar la mayoría de las partículas infectadas. Pero se trata de un arma de doble filo, puesto que esos mismos cinco minutos son los que Ruth podría haber infectado a pasajeros de otras partes del avión con los que estaría destinada a no encontrarse en su zona de asientos. Por lo tanto, si bien el riesgo de infección se reduce cuando se asienta y con las personas que tiene a su alrededor, nos da la sensación de que aumenta en el caso de aquellas otras personas con las que se ha cruzado en su camino en el interior del avión.

Hay muchos factores que tener en cuenta. Por ejemplo, que si la aerolínea fuera consciente de que el maniquí estuviera infectado podrían hacer que subiera al avión antes que las demás personas y dejar un espacio de cinco minutos para que subieran los demás pasajeros. Así habría tiempo para que el sistema de ventilación actuase. O también podría tenerse en cuenta que Ruth usase mascarilla para evitar la transmisión. Como se puede ver, hay tanto factores positivos como negativos que se han dejado de lado, aunque en nuestra opinión nos sigue pareciendo un poco arriesgado todo el proceso del vuelo. No tanto por lo que ocurre dentro de los aviones, sino por la acumulación de personas en los aeropuertos, en los controles de seguridad donde solemos esperar apiñados y en otras partes por las que pasamos durante los viajes.

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