¿Hace demasiado calor para ir en avión?

Repasamos la información que se conoce sobre cómo las altas temperaturas pueden afectar a los aviones.

Calor para volar

Siempre hemos pensado que los fuertes vientos o las lluvias torrenciales son los principales factores meteorológicos por los que se pueden cancelar un vuelo. Pero existen muchos más, como es el caso de las altas temperaturas. Hay que tener en cuenta que para que un avión funcione correctamente se deben dar unas temperaturas adecuadas.

Para los expertos lo ideal es que estas se encuentren alrededor de los 19 grados, pero en algunas zonas del mundo pueden llegar a alcanzar los 33 grados e incluso a superar los 40. Principalmente, los vuelos que salen desde Phoenix o Arizona suelen ser los más afectados, sobre todo aquellos que provienen del Aeropuerto Internacional de Phoenix Sky Harbor. Las altas temperaturas que allí se dan hacen que se puedan llegar a cancelar hasta más de 40 vuelos al año. Aunque se piense lo contrario, el aire caliente es mucho más perjudicial que el frío a la hora de hacer que un avión despegue.

Esto se debe a que el primero presenta una menor densidad que el segundo y por tanto hace que el aparato tarde más en llevar a cabo sus funciones, además que se necesita para ello un avión con un motor que tenga mucha más potencia. Para los vuelos que son de corta distancia, el aire caliente no afecta demasiado, pero en aquellos que estén muchas más horas volando y además presenten una carga mayor sí que puede llegar a ser un problema.

Algo similar ocurrió en 2013 en el Aeropuerto de London City. En aquel momento la ciudad estaba pasando por una ola de calor y la terminal no contaba con pistas demasiado largas. Al estar muy presente el aire caliente, muchos vuelos no pudieron llevarse a cabo porque la distancia de las pistas no era suficiente para que al avión le diera tiempo a despegar. Esta situación y otras similares han sido analizadas por la Organización Internacional de Aviación Civil, que recogió en su último informe del año pasado todos los daños que podían ocasionar las altas temperaturas en los vuelos.

Al contrario que ocurre con el aire caliente, con las temperaturas frías los aparatos no sufren tanto. Esto es así porque los aviones ha sido fabricados para poder volar por encima de los 10.000 metros de altura y a esa distancia las temperaturas disminuyen mucho. El único peligro que se puede dar es que ciertos elementos pueden llegar a congelarse, no pudiendo realizar sus funciones de forma correcta. Por su parte, los vendavales o las fuertes lluvias también afectan a los vuelos, aunque la gran mayoría de pistas y aeropuertos están debidamente acondicionadas para que estos fenómenos meteorológicos no traigan consecuencias graves.

Vía: The Telegraph

Foto: ThePixelman

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