Viajar, que nadie nos quite la ilusión

Pronto volveremos a viajar, por lo que no deberíamos dejar de soñar con nuevos destinos y futuras vacaciones.

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Resulta difícil, con la situación que tenemos encima, publicar noticias sobre recomendaciones turísticas o información que vaya más allá de las cancelaciones de eventos y cierre de ciudades que se están haciendo en la actualidad. El coronavirus ha bloqueado cualquier posibilidad que tenemos de viajar, pero lo que no queremos es que nadie nos quite la ilusión de hacerlo. Porque sabemos que antes o después vamos a retomar la rutina de la normalidad en la cual podíamos planificar nuestras vacaciones y marcharnos a cualquier tipo de destino a lo largo y ancho del mundo.

Ninguna de las epidemias y pandemias que ha sufrido la sociedad a lo largo de las épocas ha dejado a la población sin posibilidad de viajar una vez se ha superado el temporal. La humanidad viaja desde el principio de los tiempos y las recomendaciones de viajes se remontan a épocas inimaginables. ¿Sabéis que el espartano Pausanias, sobrino del mismísimo Leónidas, escribió una guía turística de Grecia para los visitantes turistas romanos? Y desde esa época en el mundo ha pasado de todo. Hemos tenido epidemias, gripes, pandemias, guerras… los viajes nunca se van a detener por mucho que la sociedad se encuentre con dificultades.

Este paréntesis que está haciendo el mundo con nosotros, que bien podríamos verlo desde cierta perspectiva como si la Tierra nos hubiera mandado al rincón por portarnos mal, acabará pasando.

Mientras nosotros estamos encerrados en casa y nuestros sanitarios demuestran que el mundo no necesita superhéroes, porque en realidad ya los tiene, el planeta se regenera. Algunas de las imágenes que llegan procedentes del mundo entero nos enseñan que problemas medioambientales que venimos arrastrando desde tiempo atrás están comenzando a amainar gracias a este paréntesis. Es como si las peleas que teníamos con nuestra pareja se hubieran reducido gracias a que hemos pasado unas semanas un poco apartados dándonos un tiempo. Darse un tiempo suele ser una buena decisión para que todo vuelva al buen camino.

Que un delfín haya sido visto en los canales de Venecia es algo asombroso. Puede tener muchas explicaciones y no deberíamos dejarnos llevar por el sensacionalismo, porque no recordamos tiempos en los que fuera común que hubiera delfines nadando por los canales. Pero aún así, es asombroso. Nos quedamos perplejos también al ver cómo en otras zonas del mundo los animales han empezado a dejar de esconderse. Salen a caminar, ocupan lugares en los que normalmente no tienen presencia porque otro animal mayor, más peligroso para ellos y amenazante, el humano, está presente. Pero ahora es su momento, es la hora en la que ellos también pueden viajar.

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En otros lugares del mundo, no obstante, los animales nos echan de menos. Se puede ver en Nara, Japón, donde los ciervos se tienen que adentrar en calles y localizaciones ocupadas por los humanos, en busca de alimento. Y no lo hacen porque ahora no están las personas debido a la reducción de afluencia de público en lugares turísticos japoneses, sino porque las están buscando. Los ciervos caminan hacia la estación de tren preguntándose: «¿dónde están esos humanos tan simpáticos que nos dan de comer?». Esta situación nos demuestra que todo tiene dos caras, que la naturaleza no es que necesite que nosotros desaparezcamos y dejemos de hacer turismo, sino que quiere no sentirse tan abusada y estar más equilibrio con las personas.

Cada vez somos más ecológicos y responsables. Viajamos pensando en cómo podríamos intentar reducir la huella que dejamos en los lugares que visitamos. Porque lo que queremos es que el sitio al que hemos ido deje una huella en nosotros, no al contrario. Eso es algo que nos engrandece como especie. Estamos viendo qué es lo que hemos hecho mal durante décadas y nos hemos dado cuenta de que hay mucho trabajo que hacer para compensar al planeta por los excesos de la sociedad. Somos más educados con el medio ambiente, contaminamos menos y a diario se toman decisiones gubernamentales dirigidas a respaldar esta lucha por mantener el planeta vivo. Lo estamos haciendo bien, aunque se puede hacer mejor.

Desde la ventana, con webcams que siguen funcionando por mucho que el turista no esté presente y con paciencia, vemos desde nuestros hogares cómo el mundo sigue vivo ahí fuera aunque nosotros estemos dentro. Sonreímos cuando la naturaleza nos dice «ya era hora de respirar sin contaminación», pero lo que tenemos que hacer es aprovechar este paréntesis para reflexionar y ver la forma en la que podríamos colaborar a seguir reduciendo contaminación y residuos. El parón en nuestra vida que está provocando el virus va a cambiar muchas cosas y sobre todo, nos va a ayudar a valorar más lo que tenemos en el mundo, los fantásticos destinos a los que viajamos y hasta las pequeñas cosas, como oler las flores de los jardines de un parque. Dentro de poco comenzará lo que podríamos denominar como una era dorada para el turismo y los viajes. Lo único que nos tendremos que ocupar será de viajar de forma responsable para que el planeta no se resienta.

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