Vall de Núria, un paraíso para desconectar y caminar

Situado entre picos de casi 3.000 metros de altura, este valle y su lago son uno de los mayores alicientes del Pirineo catalán. Se encuentra en la comarca del Ripollés, y se accede a él tras 40 minutos en un cremallera con magníficas vistas.

Vall de Nuria

Viajamos hasta la comarca catalana del Ripollés, a tocar de la frontera con Francia. A unos 2.000 metros de altura, rodeado de picos que casi alcanzan los 3.000 metros, encontramos un valle muy particular. Presidido por un santuario protegido por una virgen románica desde el siglo XII, encontramos un lago que forma parte de una presa de agua, y que se alimenta del curso de varias fuentes y torrentes del Pirineo.

La Vall de Núria es uno de esos enclaves que permiten a todo tipo de público, incluidas familias y personas de la tercera edad, descubrir los secretos del Pirineo sin apenas esfuerzo. El paisaje es espectacular, con inmensos campos por los que campan a sus anchas caballos y rebaños, y con caminos que harán las delicias de los amantes del senderismo.

Pero sobre todo, como decíamos, es un espacio ampliamente adaptado. Y su acceso es uno de sus mayores alicientes. El cremallera de la Vall de Núria asciende desde la localidad de Ribes de Freser, al pie de las montañas, pasando por el encantador pueblo de Queralbs hasta las puertas del valle. Un trayecto de 40 minutos que exige cámara en mano, pues bordea vertiginosos desniveles y ofrece vistas a cascadas, rápidos y diminutas piscinas naturales.

Una vez en el valle, los visitantes disponen de un inmenso centro de interpretación sobre los recursos de la zona. Restaurante buffet, bar, sala de juegos? Prácticamente todo el edificio principal, a excepción del pequeño santuario y su Virgen de Núria, está destinado al visitante. Gran parte pertenece al hotel.

Vall de Nuria

El exterior también está muy adaptado al ocio familiar, con caballos y ponis para realizar rutas, una pequeña granja, un parque lúdico, barcas y canoas para navegar por el lago e incluso un teleférico que conecta con el albergue cercano. En invierno la protagonista es la pequeña pista de esquí, ideal para principiantes. Y quienes busquen un mayor contacto con la naturaleza, tienen una zona adaptada para la acampada y varias zonas de picnic.

Entrando ya en la perspectiva personal, puede que la explotación del valle, aunque sostenible, estropee a momentos parte de su encanto. Si a ello le sumamos que su gestión es bastante deficiente (por ejemplo, incluso en pleno mes de junio todos los servicios del valle ?a excepción de los asociados al hotel y restauración- cierran sus puertas a las 18:00h, y en recepción son incapaces de informar de absolutamente nada), tenemos un lugar que puede decepcionar en ciertos aspectos.

Pero cuando ello suceda, solo hay que lanzarse a caminar. O simplemente respirar hondo y mirar alrededor. O tomar el cremallera de bajada y detenerse a dar un paseo por la bucólica villa de Queralbs. Más que suficiente para recordar porqué la escapada vale mucho la pena.

Fotos: Meritxell Fandiño

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