Una visita a la China de Londres

Una visita a la China de Londres

Londres podría ser llamada la ciudad de los museos si se quiere, podría llamarse también la ciudad de la elegancia, la de la moda, de los castillos, de los puentes o de las torres. Sino numerosas, al menos implacables e imponentes. Minimamente espectaculares, cautivantes y arrolladoras ante unos ojos novatos a tal magnitud de semblante, Londres es, para los insensatos, un paraíso. Para los que conservan alguna sensatez, es lugar perfecto para vivir.

Visitar Londres debe ser una experiencia inolvidable. Colosal. Pero hay un lugar en esa ciudad infinita que se oculta entre monumentales construcciones modernas y conservadas edificaciones de épocas antiguas, un lugar que aflora entre las calles londinenses y que, con el tiempo, va creciendo, tomando fuerza y convirtiéndose en una zona imposible de no repasar en lo que dura la visita. En la ciudad se le conoce como el barrio de Soho, pero para el mundo y los visitantes, es sencillamente el barrio chino de Londres. El único rincón londinense en que la cultura oriental ha llegado para asentarse, definitiva y decididamente.

Al llegar a Londres, y dejarse conquistar por la neblina y la seriedad de sus formas, un estremecimiento puede llevar a erizar el cuerpo, un suave viento puede cruzar el olfato para mimetizarse con el aire blanquecino de la zona central londinense. Un viento del oriente, uno de ojos pequeños y estirados, uno procedente de fábulas y cuentos, de dragones gigantes y alados que surcan el aire con la facilidad de las golondrinas, que atraviesan los horizontes para establecerse en una nueva China, una que va creciendo de a poquitos, cobrando importancia y notoriedad con el paso de los días y con el incremento de los turistas. Ese es el barrio chino de Londres, un bullicioso e incansable lugar donde la diversión y las culturas intercambian experiencias a través, principalmente, de la comida y la bohemia.

Calles interminables atestadas de restaurantes de comida oriental, bares, discotecas y pubs. Todos ofreciendo diversión interminable. Todos asegurando los manjares más deliciosos y tradicionales del país oriental. Un pequeño país dentro de una ciudad, como una mariposa a punto de salir del capullo, el barrio chino labra su camino hacia el reconocimiento de los visitantes y se convierte ahora en un punto imperdible en el recorrido londinense.

Ahora es posible visitar una china en miniatura sin salir de Londres. Una que ofrece la mejor diversión, interminable bohemia y lo más tradicional de la gastronomía asiática. Sin lugar a dudas, una razón más para apostar a visitar Londres.

Foto | tommyajohansson

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