Una pista de aterrizaje a tocar de la playa

La pista de aterrizaje del Aeropuerto de Saint Marteen, en pleno Caribe, está tan cerca de la playa que los aviones pasan a unos 10 metros sobre las cabezas de los bañistas.

Aeropuerto extremo

La paradisíaca isla de Saint Marteen, a 240 km de la isla de Puerto Rico, no es solo uno de los enclaves más remotos y fascinantes del Caribe. Sus visitantes acuden para tostarse al sol, bañarse en playas de ensueño, disfrutar del surf o simplemente relajarse. Hay muchos y muy buenos motivos para visitarla, pero el Aeropuerto Internacional Princess Juliana es uno de los principales.

No es por sus instalaciones. Ni tampoco por su capacidad, pese a ser el tercero con mayor carga del Caribe. De hecho, sus mayores aficionados no lo contemplan desde su interior, sino desde la cercana playa de Maho. El único lugar del mundo en el que es posible bañarse mientras un enorme avión sobrevuela tu cabeza a unos escasos 10 metros.

Tanto el aeropuerto como la playa se encuentran en la parte holandesa de Saint Marteen, una isla cuyos dominios se reparten este país y Francia. Y ambos espacios están a tocar. Muy a tocar. Apenas una alambrada separa la estrecha franja de arena blanca de Maho de la pista de aterrizaje del Princess Juliana, donde tocan suelo aeronaves de gran envergadura. En su mayoría Boeing 747.

La atracción es peligrosa, incluso podría ser mortal si algún curioso fuera absorbido por las turbinas, o empujado a aguas profundas por las fuertes corrientes de aire que mueven los aviones. Sin embargo, no se registran accidentes graves desde hace algunas décadas, y en la mayoría de casos se producen lesiones leves por la fuerza ya descrita sobre pasajeros que se encuentran en la arena.

Lejos de estar a punto de desaparecer, el Princess Juliana es uno de los mayores alicientes turísticos del lugar. De hecho, los chiringuitos cercanos anuncian a bombo y platillo los vuelos previstos para las próximas horas. Incluso se transmiten por megafonía las conversaciones de las aeronaves con la torre de control, para que nadie pierda detalle.

Pero sobre todo, lo que ofrece este momento es la oportunidad de conseguir una de las instantáneas más alucinantes del planeta. Un ejemplo lo tenemos en este artículo. Para conseguir uno de propio, la única opción es viajar hasta las cálidas aguas de la isla de Saint Marteen.

Foto: Takashi Ota.

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