Taizé: un viaje de lo más espiritual

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En el centro-este de Francia existe un rincón en el que podrás disfrutar de uno de los viajes más especiales de tu vida, sin ninguna duda. La Comunidad de Taizè, pegada al lado del municipio con el mismo nombre, está formada por alrededor de 100 hermanos que velan por el funcionamiento de su día a día. El Padre Roger, de origen Suizo, la fundó en 1940 para construir una vida comunitaria y velar por los más necesitados.

La Comunidad es ecuménica (es decir, no excluye a ninguna religión), y a la colina de Taizè acuden, cada semana y durante todo el año, miles de jóvenes y adultos con la necesidad de vivir en comunidad, orar y tener una vivencia espiritual interesante durante unos días.

pregaria.jpgQuede claro que explicar qué es Taizè es prácticamente imposible, inenarrable. Yo estuve allí y me resulta muy complicado transmitir en palabras lo que viví en el pequeño rincón de la Borgoña francesa.

La estancia recomendable es de una semana. Todo el funcionamiento de la comunidad los garantizan los propios visitantes, que desde que llegan tienen asignado un servicio diario que no le supondrá ninguna carga y, a la vez, contribuirá al buen devenir del día a día. A mí, por ejemplo, me tocó servir la cena cada noche -cosa que no cansa en absoluto y, además te permite conocer a gente, saber cómo se dice ‘buen provecho’ en múltiples idiomas y demás-. Otros servicios de la comunidad son, por ejemplo, cantar en el coro de cada oración o cuidar a los niños y niñas de los viajeros mientras sus padres están realizando alguna actividad.

El día a día en Taizè es sencillo de entender. Hay tres oraciones diarias, una matinal, una al mediodía y otra vespertina. Cuando llegas puedes pensar que es muy pesado, pero nada de eso. Además, existen otras actividades. Cada mañana, después de la oración inicial, me dirigía junto con compañeros de otros países a charlar con uno de los hermanos de la comunidad, Moso, de origen brasileño. Nosotros éramos los llamados ‘contact person’.

El padre nos explicaba en un buen inglés el tema de conversación del día con los grupos de trabajo. Nosotros, en teoría con cierta habilidad con el inglés, íbamos con un grupo de compañeros para exponerles el tema y moderar la charla en la medida de lo posible. No hace falta decir lo interesantes que podían llegar a ser las conversaciones.

Puedo afirmar que, en siete días de estancia, no vi ni una mala cara, ni un mal gesto de nadie, todo fue perfecto. El año pasado llegó la grave noticia del fallecimiento del Padre Roger, a quien pude ver y de quien recibí su bendición en la oración de la última noche -impresionante-. Una joven con trastornos mentales le acuchilló en una de las oraciones vespertinas. Por suerte, su sueño de formar una comunidad como Taizè sigue adelante.

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