Rocamadour, el pueblo medieval que surge de un acantilado

Como sacado de un cuento de hadas, los siglos han respetado la belleza de Rocamadour. Un pueblo con santuario propio, castillo, y un encanto que deja boquiabierto al visitante.

Rocamadour

Viajamos a Francia, pasamos Toulouse y seguimos en dirección norte. Y vamos a parar al Parque Natural Regional de Causses du Quercy. Allí, en plena región de Midi- Pyrénées, nos sorprende un pueblo que apenas alcanza los 500 habitantes, pero que sin embargo tiene mucha belleza que ofrecer.

Rocamadour es una grata sorpresa. Un lugar donde los siglos han pasado sin consecuencias, sin modificar su encanto ni robarle el alma. Cualquier pintor, escritor o soñador empedernido podría inspirarse en él. Porque hoy, como en sus orígenes, parece surgir de la roca del acantilado en el que se asienta, a orillas del río Alzou.

Y surge de piedra grisácea, tejados puntiagudos y ventanas pequeñas. Se extiende a varios niveles, como una jerarquía. Abajo la calle principal del pueblo, con casitas que no superan las dos plantas y múltiples comercios. A nivel medio, el famoso santuario de la Virgen Negra. Y arriba del todo, presidiendo la estampa y ofreciendo magníficas vistas, el castillo.

Si bien las torres del castillo reinan sobre el paisaje, es la Virgen la gran protagonista de Rocamadour, y prácticamente el motivo de su existencia. Se le atribuyen milagros y propiedades curativas, hasta el punto que es un lugar de peregrinaje desde el siglo XI, y parada obligada para quienes realizan el Camino de Santiago.

Los más devotos subían las más de 200 escaleras que separan la parte baja del pueblo y el santuario de rodillas, esperando que la Virgen cumpliera sus plegarias. Eran tantos los peregrinos que llegaban que las diversas puertas que aún conserva el pueblo, a modo de arcos medievales, servían para contener y controlar su afluencia.

Hoy siguen llegando a Rocamadour personas movidas por su fe, pero la mayoría lo hacen para conocer su belleza. Tras admirar sus atractivos, pasan gran parte de su tiempo en la calle comercial, comprando souvenirs para la familia y productos de gastronomía local.

Y es que Rocamadour cuenta desde 1996 con su propia DO de queso de cabra. También es famosa por su foie, por sus dulces de nueces y avellanas, y por sus pequeñas tartas. Desde los más salados hasta los más golosos podrán darse un festín en el lugar.

Ya sea en familia, en pareja o con los amigos, no dejéis de visitar esta encantadora localidad francesa. Uno de esos enclaves poco conocidos pero que, sin embargo, permanece en la retina para siempre.

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