Puente de Brooklyn, emblema de Nueva York

Hay quienes dicen que Manhattan no sería lo que es sino existiera ese enorme puente que lo une con Brooklyn. No es para menos, todas las postales tienen su imagen, es de lo más conocido en Nueva York, la ciudad donde esta ubicada, es uno de los íconos de grandeza de EE.UU., el país donde se ubica.

Es bueno darse un paseo por el Puente de Brooklyn o tomarle una foto a lo lejos cuando todas las luces están encendidas, las dos son maneras perfectas de permitirte conocer su arquitectura que data de hace 120 años. Pero la idea de la imagen es a la que más personas acceden por la vista espectacular del puente al caer el sol o de noche cuando sus luces se encienden y la iluminación alcanza las aguas sobre las cuales se erige tamaña construcción y tiene como corolario la imagen de los rascacielos que se levantan unos más inmenso que el otro.

El paseo también es una alternativa nada desdeñable, sobre todo si se hace a pie o en una bicicleta pues el puente cuenta con seis carriles, de los cuales cuatro son para los autos que se transportan por aquí. Caminar por el puente es deleitar la vista, ver de muy cerca los pilares del puente, la maravillosa arquitectura que no decae a pesar del tiempo, las enormes estructuras sobre las que detiene su peso. Quizá sea largo el camino a pie o a bicicleta pero realmente es gratificante la experiencia.

El Puente de Brooklyn es emblemático no solo para los turistas extranjeros sino también para los residentes de EE.UU. es imagen de numerosas películas, series de televisión escenario de videojuegos y demás. y también fatalmente para ciertos grupos terroristas que han intentado derruirlo por todo lo que significa para la nación norteamericana, felizmente sus propósitos no se han cumplido.

El puente también guarda una historia fantástica pues cuando fue inaugurado llegó a ser uno de los más grandes y largos del mundo, gracias a sus casi dos kilómetros de extensión. Y el arquitecto que hizo los planos, John Augustus Roebling falleció antes de ver su obra concluida, y finalmente su hijo la llevo a cabo tras 13 años de ardua labor y el sacrificio de cientos de hombres que desafiaban el peligro en una época donde la tecnología aún era incipiente para este tipo de construcciones.

Foto | epicharmus

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