Playas de Brasil: diversión, paraíso y devoción

Playas de Brasil

Latinoamérica siempre está abierta a quienes deseen conocer sus majestuosos tesoros turísticos, que son construcciones que enlazan una ingente cantidad de culturas, tanto del ayer y hoy. Y, claro, una muestra de ello lo son los paradisíacos balnearios de Brasil. Alegría latina; sol dorado y aguas turquesas y una gran variedad de pieles atizadas por su clima, hacen de las playas “cariocas” el Edén perfecto para el reposo del cuerpo y las reflexiones del alma.

Como es el caso de Copacabana, en Río de Janeiro, una de las playas más famosas del mundo. Con arquitecturas históricas como el mítico Estadio Maracaná, su Jardín Botánico, o el Cristo Redentor, insignia nacional brazileña, vigilante de que la diversión sea infinita, esta playa muestra una panorámica espectacular, con las lomas que albergan variopintas casas cuyos habitantes se dirigen a disfrutar, tranquilamente, de la arena nívea, del cielo sublimemente azul y de los más de tres kilómetros de playa que brinda Copacabana. Y claro, si desea más regocijo por las noches, también cuenta con bohemios y modernos pubs, obviamente, con una gran dosis de samba caliente.

Pero en la “Cidade maravillosa” hay más. Así lo demuestra Ipanema, aquella a la que un célebre cantautor le dedica una tonadilla, “Garota de Ipanema”. Palmeras que albergan frutos tan finos como su tierra; pubs, boutiques y pasarelas internacionales, hacen de ella un verdadero lugar acogedor para sus visitantes. Aquí también podrá conocer más de cerca la cultura brasilera en sus distintas facetas: hombres y mujeres jugando fútbol en la playa, innata característica de los de la tierra de Pelé; campeonatos de vóley sobre la arena, siempre presenciado por la gran “torcida”, su fiel seguidora; los exuberantes entrenamientos de diversas escuelas de samba para el mundialmente conocido Carnaval de Río.

Y siguiendo con este desfile de cálidos climas, hay una dádiva cuyas aguas son tan claras y diáfanas como ninguna; sus arenas parecen intactas del comportamiento humano; y su panorámica natural como una postal salida de las fábulas de Paulo Coelho: nos referimos a Morro do Sao Paulo, ubicado en la “Ciudad que no puede parar” como se le conoce. Para los amantes de lugares libres del movimiento habitual de la ciudad, este es un destino ideal, sobre todo por el hecho de estar prohibido la llegada de automóviles, como forma conservar su semblante sereno.

Pareciera que el favorito del Atlántico fuera Brasil. Si no, que lo diga Canoa Quebrada, ubicada al noreste carioca, en el estado de Ceará. La pureza de sus mares contrasta con ingentes colinas de arena variopintas, lo cual ocasiona una impresión relajante a nuestros sentidos. Se dice que esta joya fue descubierta por los hippies en la década de los sesenta. Puede ser, debido a que tal vez ellos inspiraron su “paz y amor” en la puesta del sol única que aquí se puede apreciar. Una delicia para los artistas bohemios es la Villa de Esteves, pequeña aldea de pescadores que se conserva incólume como si estuviéramos en la década del 60.

Ya lo saben. Brasil es la tierra de los carnavales, del “jogo bonito”, de las más de treinta tonalidades de piel que posee su población, y de los mares más colorido y festivos de la región. Y espera su llegada para engalanarlo con su exóticas brisas.

Foto | ivanx

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