Paseos otoñales por París

Después del trasiego veraniego de turistas, París te invita en otoño a conocerla de manera más relajada, con más tranquilidad y pausadamente. Recorre con nosotros el centro de París y descubre los secretos de la Île-de-la-Cité.

La Place Dauphine de París, lugar idílico de la Ile-de-la-Cité

Si estás planeando una escapa especial para este otoño que acabamos de estrenar, apunta en tu lista, quizás en los primeros lugares, un viajecito a París. En muchas ocasiones se ha dicho que París en primavera es un primor, por la cantidad de jardines y el colorido de las flores, pero en otoño, con la caída de las hojas y la sensación de nostalgia que a todos nos invade, la ciudad del amor se puede convertir en el destino ideal. Y para que la escapada sea perfecta al completo, no está de más echar un vistazo a eDreams para que el vuelo a París no salga de lo más económico.

Pasado el verano ya empezamos a estar deseosos de sacar las prendas de otoño del armario y de ponernos bufandas, pañuelos y otros complementos. París en las próximas semanas te va a ofrecer la posibilidad de estrenar o recuperar todas esas prendas, porque allí el tiempo ya empieza a ser más fresco, aunque los días acostumbran a ser soleados. Precisamente, con el buen tiempo que podemos encontrar resulta muy recomendable explorar algunos puntos del corazón de París que suelen quedar eclipsados por los grandes puntos de interés.

En concreto, en la isla natural en el Sena en la que se encuentra la magnífica catedral de Notre Dame existen muchos otros puntos interesantes que suelen pasar desapercibidos, aunque no por eso quiere decir que sean unos desconocidos. Es sólo que en la vorágine de las temporadas altas de viajes a París no suele quedar tiempo para todo.

Empecemos por el Pont Neuf, el Puente Nuevo. Curiosamente, a pesar de su nombre, este se considera el puente más antiguo de París, más que nada porque fue el primero hecho de piedra y los anteriores, de madera, ya han desaparecido. Su función no es otra que comunicar la isla con el resto de la ciudad, por ambas riberas, pero su belleza lo coloca en un lugar privilegiado de los monumentos a visitar en París.

De Notre Dame no queda mucho qué decir, por lo que solo vamos a destacar su gárgolas. Los amantes de las películas Disney y los más pequeños las conocerán por la película sobre el Jorobado de Notre Dame, pero para muchos puede ser una sorpresa descubrir estas figuras inquietantes en lo alto de la catedral, aunque mucho más inquietante sea descubrir que esas no son técnicamente gárgolas, sino “quimeras”. Las gárgolas tenían una función muy concreta en la arquitectura, que no era otra que adornar en unos elementos tan funcionales como los desagües. Pues bien, las “gárgolas” de Notre Dame simplemente son decorativas y no cumplen ninguna otra función (aunque se cree que se colocaban para asustar a los no creyentes).

La Place Dauphine es otros de esos lugares que no se pueden olvidar en una visita a la “Île de la Cité” de París. Se encuentra cerca del extremo occidental de la isla, entre el Pont Neuf y el Palacio de Justicia (otro de los lugares que no nos podemos perder) y data de principios del siglo XVII, cuando Enrique IV la inició y la llamó así en honor a su hijo y heredero (el delfín de Francia) Luís XIII, que había nacido unos años antes. Para muchos es una de las plazas más bellas de París. Lo cierto es que es un lugar silencioso y tranquilo rodeado de edificios de ladrillo rojo y aceras de piedra gris. En el centro de la plaza hay un parque con árboles que proporcionan un idílico lugar para sentarse a leer, un remanso de paz y tranquilidad en el corazón de la bulliciosa París.

Un último lugar interesante de esta parte de París es la Place Louis-Lépine. En esta plaza encontraremos un curioso mercado de flores y, los domingos, también de pájaros. Este mercado lleva más de 100 años en la plaza y se ha convertido en una seña de identidad del París más bohemio.

Lo mejor del otoño en París, aparte de todos estos lugares interesantes que hemos descrito, es que hay mucha menos gente. Las masas de turistas ya se han marchado, con lo que el ambiente que se respira es puramente parisino. Ya no resulta tan complicado pararse en una cafetería y conseguir una mesa íntima junto a una ventana en la que tomarse algo caliente con un croissant mientras en el exterior caen las hojas. Siguiendo con este ambiente tan bohemio, justo a principios de octubre se lleva a cabo el Festival de Montmartre, que sirve para poner de manifiesto la capacidad creativa de este barrio de artistas que, además, es el único que todavía produce su propio vino. En sus calles se pueden ver diferentes actuaciones, hay animación  para niños, mercadillos (algo muy presente en cualquier época en Montmartre) y conciertos, entre otros muchos eventos. ¿Te animas a escaparte unos días a París?

Foto | Alberti.nl en Flickr

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