¿Nos animamos a viajar como lo hacíamos hace 20 años?

Si echamos la mirada atrás podremos recordar cómo viajábamos hace 20 años y ver que lo hacíamos de forma muy distinta.

Viaje largo

¿Recordáis lo que significaba viajar hace 20 años? ¿alguna vez os han hablado de ello si erais demasiado jóvenes en aquella época? Eran otros tiempos y se viajaba de una manera distinta. El turismo era diametralmente opuesto al actual en el que parece que todo se haya simplificado sobremanera gracias a la tecnología (que no tiene que significar que sea algo malo, simplemente es… distinto). Y aunque parece difícil, hoy día también podemos viajar como se hacía 20 años atrás, aunque tenemos que luchar contra una serie de acciones a las que nos hemos habituado mucho.

Viajábamos a la aventura

Los turistas nos hemos acostumbrado a las comodidades y hemos ido perdiendo poco a poco el espíritu de la aventura. En el pasado también había quienes preferían lo cómodo y sencillo, pero solo representaban a una parte de la población. Ahora todo el mundo opta por la comodidad, la facilidad y la seguridad. No se nos puede culpar: si existen unos recursos, ¿por qué no vamos a utilizarlos? La cuestión es que hace 20 años viajábamos mucho más a la aventura sin que todo estuviera excesivamente atado. Salvo que contáramos con el trabajo de un agente de viajes que hiciera todo el esfuerzo por nosotros tendríamos que resolver por nuestra propia cuenta esos aspectos delicados del viaje.

Y en muchos casos ante la incertidumbre de no querer gastar dinero en un agente de viajes, lo que hacíamos era viajar a la aventura sin preocuparnos por los detalles. Nosotros hace 20 años todavía no teníamos la mayoría de edad, pero eso no nos impedía viajar a multitud de lugares sin preocuparnos de nada. Mientras fuésemos con los amigos lo demás ya se solucionaría solo. Eran tiempos de mayor seguridad en todos los aspectos y los padres se podrían despreocupar sobre la seguridad de sus hijos (una de esas cosas que se echan de menos en la sociedad actual).

El hotel se buscaba al llegar o al anochecer si cuando habías llegado al destino preferías irte a la playa o a cualquier otro lugar a pasarlo bien. No tenía que ser un hotel, un hostal, una pensión o el suelo de la casa de alguien a quien acababas de conocer ese mismo día era más que suficiente para tener un alojamiento donde pasar la noche y comenzar otro día de diversión unas horas después. Ahora seamos más o menos aventureros, las posibilidades de que tengamos el hotel reservado desde 2 meses antes del viaje son enormes. Eso le resta mucha emoción a todo lo que haremos cuando comencemos las vacaciones ¿verdad?

Una mochila bien cargada con todo

Hoy día confiamos de una manera excesiva en el móvil y la gran mayoría de nuestra información personal o del viaje la llevamos dentro del mismo. A todos nos gusta digitalizar este tipo de elementos y la comodidad que supone, ¿pero y la tensión de llevar una mochila que es como nuestro salvavidas para todo? En ella lo llevábamos todo. El equipo del viajero de 20 años atrás se componía de una enorme mochila cargada de papeles, con los billetes de tren o avión, el dinero, los mapas, las entradas que hubiéramos comprado para ciertos lugares, comida, bebida, el walkman (o el discman dependiendo del momento en el que situemos el relato), las cintas o los CDs, las chuches (unos buenos regalices no pueden faltar en ningún viaje), la agenda, el reloj de pulsera, la guía de viaje, una baraja de cartas, un libro… y mil cosas más.

La mayoría de esos elementos, como decimos, ahora están simplificados en nuestro móvil y no necesitamos más que la memoria del mismo para estar seguros de que lo tendremos todo a buen recaudo. Ni walkman, ni agenda de contactos, ni libro, ni baraja de cartas, ni linterna, nada de nada. Con el móvil se reduce el equipamiento al máximo. ¿Para qué llevarnos la mochila entonces? Bueno, aún tenemos que guardar la ropa, eso de momento no se ha podido digitalizar. Y decimos “de momento” porque ya veremos qué ocurrirá dentro de otros 20 años.

El horizonte

Los aeropuertos daban miedo

No había sido más terrible para un joven viajero hace 20 años que un aeropuerto. Viajábamos mucho en el coche con la familia (horas y horas de carretera con el dichoso “veo veo”, también lo hacíamos en autobús y en tren. ¿Pero en avión? Nadie se creía eso de que era el transporte más seguro del mundo. Además, los aeropuertos imponían mucho y las tarifas de los aviones eran demasiado caras en comparación a las actuales. Eso sí, cuando viajábamos en avión podíamos ir con bebidas sin problemas, objetos metálicos y todo tipo de cosas que ahora mismo están controladas de una forma excesiva. No olvidemos que a los adultos les repartían alcohol durante los vuelos con una libertad que ahora hace pensar si realmente era una buena idea. Pero como decimos, eran otros tiempos.

El dolor de cabeza del cambio de moneda

Hay que ver cuánto ha cambiado también todo lo relacionado con el cambio de moneda. En el pasado teníamos que buscarnos la vida antes del viaje para ir con la moneda cambiada o buscar una casa de banco al llegar al nuevo país para obtener el dinero en cuestión. Era un proceso molesto y complicado que por lo general nos podía llevar a perder bastante si no encontrábamos un buen cambio. Ahora si no queremos cargar con el dinero cambiado en vivo lo podemos pagar casi todo con la tarjeta de crédito o incluso sacar de los cajeros automáticos. Lo mejor son ciertas casas de cambio que tienen las mejores comisiones en cada país, pero si hablamos de comodidad la tarjeta de crédito lo simplifica todo a un nivel enorme.

Aventuras

Disponibles en todo momento

Pero si hay un cambio drástico que se haya producido en este tiempo es el de la localización, el de estar disponibles en todo momento. Eso se lo debemos a los móviles, que nos permiten informar a nuestros padres de que hemos llegado a nuestro destino, que ya hemos dejado las cosas en el hotel y que incluso hemos cenado. Hasta podemos hacer una foto a la comida que nos sirvan en el restaurante y seguir informando paso a paso de todo lo que hacemos hasta un punto que casi llega a ser preocupante. No obstante, también es algo que indudablemente aumenta el nivel de seguridad y la tranquilidad de saber que nunca nos llegará a pasar nada. Eso es positivo, sin duda. Pero ¿dónde queda ese libre albedrío al que estábamos acostumbrados en el pasado? En aquel entonces llamábamos a nuestros padres en el hotel o lo hacíamos en una cabina telefónica (¿alguien se acuerda de ellas más allá de Clark Kent en sus momentos más nostálgicos?).

En cualquier caso, eran otros tiempos, y no es que viajar sea ahora más aburrido, mejor o peor, simplemente es algo diferente. Como decíamos antes, lo más probable es que dentro de otros 20 años la vida haya cambiado tanto que viajar sea muy distinto a como lo es ahora y podamos volver a escribir uno de estos artículos reflejando los cambios producidos en los últimos tiempos. La vida siempre nos proporciona sorpresas y cambios para mantenernos ilusionados mientras viajamos por el mundo.

Foto: mohamed_hassanTheDigitalArtistFree-Photos

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