Museo del Hermitage, visita imprescindible en San Petersburgo

El honor de albergar los mejores museos de un país suele corresponder a las capitales, o al menos así sucede en muchos países europeos. Francia o España son claros ejemplos. Pero no es el caso de Rusia. Mientras que la capital, Moscú, alberga el conjunto arquitectónico más popular del país en la famosa Plaza Roja, el honor de tener el museo más destacado corresponde a San Petersburgo. La ‘ciudad perfecta’ que se extiende en la bahía del río Neva y a orillas del Golfo de Finlandia.

En realidad, San Petersburgo es la capital histórica de Rusia. Así fue hasta la Primera Guerra Mundial, cuando Lenin decidió trasladar la sede del Gobierno a Moscú por estar más alejada de la situación bélica y los núcleos antirrevolucionarios. Quizás por eso algunos moscovitas consideran su ciudad muy campechana para tratarse de una capital. Y por eso algunos de los mayores alicientes de Rusia se encuentran en San Petersburgo.

Como decíamos, su principal museo no es una excepción. El Hermitage es una de las mayores pinacotecas y museos de antigüedades del mundo y cuenta con una colección de más de tres millones de piezas repartidas en seis edificios que forman parte de un mismo complejo arquitectónico. Zares rusos las recopilaron durante siglos, permitiendo así crear un recorrido artístico que va desde las reliquias de Grecia y Roma hasta obras de Matisse, Picasso, Monet o Gauguin.

El origen del Hermitage se remonta a mediados del siglo XVIII, con la llegada al poder de la emperatriz Catalina La Grande mediante un golpe de estado. Lo primero que hizo fue establecer su residencia en el recién construido Palacio de Invierno, hoy edificio principal del museo. Tras ello, empezó a adquirir obras de arte de un modo casi obsesivo, y las utilizó para decorar las diferentes estancias de su residencia. Obras de Rubens, Van Dyck o Rembrandt llegaron al Hermitage gracias a ella.

En los siglos venideros, los zares que llegaron al poder imitaron el ejemplo de Catalina. Llegaron así obras tan destacadas como la Madonna Litta de Leonardo Da Vinci o La Virgen y el Niño de Rafael. Con la Revolución Rusa de 1917, el museo pasó a ser un bien nacional y abierto al público. Sobre todo, a los rusos, que pudieron entrar gratis al museo durante sus primeros cinco años de andadura.

Actualmente el Museo del Hermitage cuenta con una proyección internacional, y se mantiene en continua colaboración con diversos proyectos en el extranjero. Sin ir más lejos, el pasado 2011 intercambió algunas de sus obras con el Museo del Prado de Madrid, con motivo de la celebración del Año Dual España- Rusia. A su vez, es muestra y ejemplo de la gran pasión que exite en el este europeo por las manifestaciones artísticas, que en mayor o menor medida ha permanecido intacta hasta el día de hoy. Pero sobre todo el Hermitage es una visita imperdible en cualquier viaje a San Petersburgo.

Foto: inyucho

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