Monasterio de Tatev, arquitectura e ingeniería sobre el desfiladero

En un desfiladero de Armenia, dominando el paisaje desde las alturas, encontramos un templo cristiano construido en el siglo IV. Durante su época de esplendor fue un importante centro cultural e intelectual.

Viajamos hasta Asia y nos adentramos en Armenia. Allí, sobre el impresionante desfiladero del río Vorotán y a unos 1600 metros de altura sobre la nada, encontramos el Monasterio de Tatev. Una de aquellas maravillas arquitectónicas que perviven en un lugar recóndito, rodeado de la majestuosidad de la naturaleza, y regalando algunas de las mejores panorámicas del mundo.

Este Monasterio lleva escrita la magia incluso en el nombre. ‘Tatev’ significa en armenio ‘dar alas‘, que es lo que presuntamente le fue otorgado su arquitecto. Tras acabar el proyecto, agarró dos trozos de piedra y rogó a Dios que los convirtiera en alas. El deseo le fue concedido, y marchó volando lejos del lugar.

Con o sin leyenda, el monasterio fue fundado en el siglo IV sobre las ruinas de un templo pagano. No obstante, vivió su máximo esplendor durante la Edad Media, cuando se convirtió en un importante centro académico e intelectual. Hasta el punto que fundó su propia universidad. Eruditos del arte, la ciencia, la música o la filosofía pasaron entre sus muros, dejando grandes legados para la historia del país.

El conjunto del Monasterio lo conforman tres templos de diferentes tamaños, y de aspecto muy similar al de otras iglesias del país. Sin embargo, una de sus piezas más populares es el Gavazan. Una columna que hacía las veces de péndulo, y que gracias al método utilizado durante su construcción vibraba ante el más mínimo acecho. Ya fuera la llegada de un terremoto o la de tropas enemigas, que se ocultaban tras la densa niebla que caracteriza la zona.

El Gavazan fue en su día una maravilla de la ingeniería. Sin embargo, sufrió graves daños durante el terremoto de 1931, que también dejó tocado de muerte gran parte del monasterio. Desde entonces y hasta hoy se han realizado diversas reconstrucciones, pero no todas han sido tan acertadas como nos gustaría.

Una de las más sonadas tuvo lugar en los años 80, cuando el país aún se encontraba bajo dominio soviético. Se intentó reconstruir la columna en su totalidad, con tan poca habilidad que se provocaron filtraciones de agua que acabaron de estropear su funcionamiento. Los materiales utilizados, de baja calidad, han producido filtraciones también en los muros, que en algunos casos han borrado inscripciones muy antiguas. En definitiva, un despropósito.

En 2010 se impulsó un proyecto para restaurar de nuevo el Monasterio de Tatev, esta vez con más mimo y conocimiento. La iniciativa también buscaba mejorar el acceso al lugar, ya que las localidades cercanas son muy pobres y cuentan con poco potencial para la agricultura. La llegada de turistas podría paliar esta situación.

Dicho y hecho, actualmente se puede acceder hasta Tatev en teleférico, aunque muchos aún se atreven a hacerlo por la imposible carretera de acceso. Este enclave se encuentra a unos 316 km de Ereván, capital del país, y forma parte de los cuatro lugares más prodigiosos de Armenia. Los otros tres son los monasterios de Sanahín, Hajpat y Noravank, que también merecen nuestra visita.

Foto: Tommy and Georgie.

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