Los viajes y las propinas

Muchas veces cuando realizamos un viaje, a un lugar distinto del que conocemos dentro de nuestra rutina diaria, nos enfrentamos a cosas muy banales, pero que en un lugar extraño y desconocido, se nos aparecen como grandes misterios. Ese es el caso de las propinas. Cuando estamos en nuestra ciudad, a la que conocemos como a la palma de nuestra mano, y en la que reconocemos gestos y disgustos, la propina es un asunto de todos los días, tan vano, que jamás nos ponemos a pensar en ello. No calculamos porcentajes ni intenciones, pues es un acto mecánico, y para nosotros, irrelevante.

Cuando uno está de viaje frecuenta lugares que no suele frecuentar usualmente estando en casa, como por ejemplo hoteles y hostales, en los que uno se pregunta si debe dejar propina a los botones o a quien lo atiende amablemente en recepción. También lo es el caso de los taxis, que aunque pueda sorprender, en muchos casos, aunque no está establecido por ley, esperan una propina además del pago por el servicio de transporte.

Por ello, cuando uno hace un viaje, es conveniente saber que los distintos lugares del mundo cuentan tanto con políticas explícitas como implícitas en lo que se refiere a dar y recibir propinas en distintos establecimiento y por distintos servicios, ya que no siempre es obligatoria ni bien vista, podría en algunos casos incluso significar una ofensa para quien la recibe.

En el Reino Unido, la norma de la mayoría de pubs y restaurantes es dejar entre el 10% y 15% del precio total de la cuenta. Aunque no es obligatoria, es recomendable para evitar cualquier tipo de situación incómoda. En la mayor parte de Estado Unidos, opera la misma norma, aunque en algunos estados como California o Florida, esta se incluye en la cuenta, para evitar inconvenientes.

En Europa, las propinas son más una cortesía que una obligación o norma. En su mayoría, estas son casi exclusivas de restaurantes y hoteles.

En Sudamérica se acostumbra dejar un 10% tanto en restaurantes y hoteles, como en peluquería y estaciones de servicio.

En Cuba o en Japón, la norma dice que la propina es un insulto, aunque en el primer caso casi siempre es bien recibida, por la mala situación económica de sus habitantes.

Foto | Daquella manera

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