Las nieves del Kilimanjaro

En esta entrada viajamos al mítico continente africano a ser testigos de un hecho insólito: nieve en aquel continente. Para esto nos dirigimos la país de Tanzania que ostenta el Monte del Kilimanjaro. Se trata de un monte nevado de origen volcánico y que tiene glaciares en una de sus cumbres. Por si fuera poco este fenómeno tiene lugar tansólo 3 grados por debajo de la línea ecuatorial. El ascenso nos permite disfrutar de los diversos pisos ecológicos que nos esperan en esta fascinante ruta

La naturaleza nos da a conocer fenómenos particulares y casi irrepetibles. Este pensamiento lo tuve mientras escuchaba una canción del eximio guitarrista de origen latino, Carlos Santana y la ejecución de su tema Tales of Kilimanjaro. Justamente el título de la canción me asociaba a otro fenómenos de la naturaleza, tan particular como la técnica de tocar de Santana. Me refiero al monte Kilimanjaro, ubicado en Tanzania en pleno continente africano.

Un monte en África no tendría nada de extraño pero lo curioso es que se trata de un monte nevado. Más curioso es que otros accidentes geográficos complementan esta obra de la naturaleza. Podemos decir que el Kilimanjaro tiene un origen volcánico y que sus faldas están compuestas de selvas tropicales, sin mencionar el hecho que se encuentra apenas por debajo de la línea del Ecuador, lo que supondría la no existencia de glaciares.

Vista del Kilimanjaro

Vista del Kilimanjaro tomada de Flcikr por Tambako the jaguar

Viendo esto, no es difícil advertir que el turismo a este lugar está garantizado pues un ascenso a este monte, supone un inquietante recorrido por varios pisos ecológicos. Ya desde el siglo II de nuestra era, Ptolomeo había recogido algunas informaciones de las bitácoras de antiguos navegantes griegos que, a su paso por el Océano Índico, habían descrito una ciudad costera llamada Rhapta que en su interior albergaba una cumbre nevada.


Sin duda se trataba de algún punto de la actual Tanzania y el bendito nevado no puede ser otro que el Kilimanjaro. Desde ese momento, le lugar fue el centro de muchas leyendas como lo era todo ese enigmático continente del cual el mundo sólo conocía su costa norte y casi de pasada. Para el siglo XIII, un par de referencias más, provenientes de otros comerciantes, confirmaban la existencia de la montaña nevada.

Para los habitantes de la zona, sin embargo, el Kilimanjaro era más bien la referencia obligada que rompía la infinita continuidad de la sabana africana y que servía de orientación a las tantas caravanas que transitaron por allí buscando las costas orientales del continente olvidado. Pero es recién en el año 1889 que un tal Hans Meyer puedo conquistar la cima, lo cual terminó de corroborar que existía nieve prácticamente sobre la línea ecuatorial y además se observó que el Kilimanjaro tenía un origen volcánico.

Se trataba por tanto de uno de los volcanes más altos del mundo con un óvalo de unos 80 kilómetros de largo por 50 de ancho, que alberga tres centros volcánicos: el Kibo, el Mawenzi y el Shira. De los tres, el Kibo es el único que presenta glaciares como punto culminante, luego de una larga serie de paisajes y niveles ecológicos que se suceden a lo largo de sus laderas y cuyos cambios progresivos pueden ser apreciados por los viajeros que inician la ascensión a la cumbre.

Al encontrarse casi en la línea del Ecuador y levantarse en solitario en medio de la llanura, el Kilimanjaro es un magnífico ejemplo de la relación entre altitud, temperatura y vegetación, ya que en él, la variedad va desde los bosques lluviosos y tropicales de las tierras bajas hasta los glaciares de la cima. El primer ejemplo de vegetación natural que se encuentra en las laderas del Kilimanjaro es el bosque ecuatorial, típico de las tierras cálidas y lluviosas.

Musgos al pie del Kilimanjaro

Última vegetación cerca del Kilimanjaro tomada de Flickr por acastellano

Allí podemos encontrar helechos y orquídeas por todas partes junto con musgos y zarzas que se extienden a ras de suelo. A partir de allí, el camino asciende lentamente y a veces los rayos solares no penetran en lo tupido de la selva haciendo que las enredaderas y lianas que cuelgan de los árboles den un aspecto tétrico al bosque. Ha empezado la ruta llamada del Marangu y en pocas horas aparece a la vista el primer refugio desde donde se puede ver la extensa llanura que ahora queda detrás.

Al día siguiente aún queda bosque por recorrer pero la pendiente ya se hace más pronunciada y con una niebla matutina espesa y bajar que hace parecer que hemos aparecido en otra dimensión repentinamente. Saliendo de esta bruma, el bosque termina abruptamente y de repente todo es hierba, flores y plantas. Ha dado inicio la pradera ya a 3 000 metros de altura sobre el nivel del mar.

En esta parte destacan los zuzones gigantes, plantas con gruesos troncos y coronas de hojas. También aparecen las lobelias gigantes, otra especie de planta bastante rara que también alcanza un tamaño desmesurado. Estas plantas en Europa se miden en centímetros pero en África hay que medirlas en metros, llegando algunas hasta los 12 metros de altitud. En algunos lugares aparecen conjuntos de estas plantas gigantes formando una especie de bosque encantado.

También se puede encontrar hierbas que parecen arbustos y las llamadas siemprevivas de flores rojas, rosas y amarillas. Y poco a poco, casi de modo imperceptible, la vegetación se va haciendo cada vez más escasa, las plantas crecen menos y parece que se extienden más, como para poder agarrarse más fácilmente a una tierra de poca profundidad. Es ya el páramo lo que se encuentra a estas alturas, donde la cubierta vegetal empieza a ralear.

En los lugares más húmedos se halla todavía el zuzón pero ahora predominan los matorrales. El aumento de la intensidad de la radiación solar y de la variación de temperatura va imponiendo límites definitivos a muchas especies. Las últimas corrientes de agua permanente también se ven afectadas. El suelo empieza a hacerse visible y por supuesto el aire a enrarecerse ante la falta de oxígeno.

Nieves del Kilimanjaro

Último tramo del Kilimanjaro tomada de Flickr por Jane, woodbridge, horseback safaris

Al final, esa planicie dura que separa las cumbres del Kibo y el Mawenzi, no es otra cosa que un desierto alpino donde sólo algunos fuertes musgos sobreviven. Aquí ya aparece el paisaje lunar. Al pie de la pendiente, protegido del viento por unas rocas, se esconde el último refugio ya casi a 5000 metros de altitud. El concepto de línea ecuatorial es abolido y el frío se siente aún al mediodía.

Es hora de la decisión final y la gran mayoría de los que llegan hasta aquí, prefieren dar la vuelta no porque la cumbre se vea insalvable sino por el intenso frío y la larga caminata que ha precedido. Los que siguen, encuentran la recompensa en la cumbre del Uhuru, desde donde dicen puede verse todo el África.

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