Etiopía, algo más que pobreza

Las imágenes que nos llegan son las de una tierra desolada, llena de pobreza. Quedan atrás los maravillosos paisajes de una Etiopía con un pasado histórico milenario. Es hora de recuperarlos. Viajar a un país tan antiguo nos brinda claramente oportunidades para deleitarnos, sobre todo a los amantes de la historia. También a los amantes de la cultura indígena. Porque Etiopía es uno de esos destinos poco frecuentes que pasa desapercibido para las agencias de viaje y eso, posiblemente, le da un valor añadido. Son tierras por descubrir.

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Etiopia.

Y es mucho y novedoso lo que se desvela ante nuestros ojos. Allí descubrimos las Iglesias de Lalibela, excavadas en roca, que rozan los mil años de antigüedad. Podemos admirar grandiosas fortificaciones eregidas en mitad de África, apreciar el nacimiento del Nilo Azul y sus impresionantes cascadas, y perdernos en la riqueza étnica y el sabor africano de las tierras etíopes.Podemos seguir el rumbo de las caravanas dirigidas por cientos de camellos que cargan con sal a través del Desierto del Danakil. En esta misma región, encontramos uno de los pocos volcanes que conserva un lago de lava activa en su cráter: el volcán de Erta Ale. Con más de 600 metros de altitud, es el mayor exponente de las decenas de volcanes desperdigados por el Danakil. Desde 1967, el volcán continúa en erupción y es posible que nos sorprenda con explosiones de lava, experiencia muy cercana a la que viviera Julio Verne en su viaje al centro de la tierra.

El volcán Erta Ale no es más que un pequeño tránsito hacia unas vistas espectaculares que se materializan con el lago Asale, un inmenso desierto de sal pintado de blanco de donde se extrae la mercancía para las carabanas de camello. Se trata de una vasta llanura de aspecto celestial que, caído el atardecer, nos traslada a una segunda dimensión, a un paisaje extraño, pintoresco, lleno de hedores y manantiales sulfurosos.

Etiopía es sin duda una tierra curiosa llena de constrastes, repleta de leyendas, de rituales, de costumbres ancestrales. Precisamente una de las tribus más tradicionales del mundo es la que habita en el Valle del Olmo, pastores con sus extraordinarios rituales, que sobreviven como un símbolo del país. De hecho,  en los últimos años se ha producido una mejora de las infraestructuras viarias y hoteleras que convierten a este país en un lugar mucho más asequible y acogedor, pero ello no ha acabado con la personalidad natural del lugar.

Viajar a Etiopía es una oportunidad para ver el mundo desde otra perspectiva, de una forma más sencilla e intensa. Es un modo de abandonarnos a nosotros mismos, perdernos en lo nuevo y descubrir una nueva historia, una vida, una cultura. Algunos, más valientes y con razón, la llaman la cuna de la humanidad.

Fuentes: Blog El norte de Castilla, Viajesetiopia.com

Foto: liquene

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