El pasaporte COVID-19 ya existe, ¿pero se va a convertir en la norma para viajar?

¿Es necesario un pasaporte que identifique a las personas que están libres de coronavirus o que ya han pasado la enfermedad?

Muchas personas comenzaron a temer hace unos meses que alguien tuviera la idea de crear un pasaporte COVID-19 que determinara quién podía viajar y quién podía no hacerlo en base a si había pasado la enfermedad del coronavirus. La idea sonaba terrible y preocupaba que, como decíamos, se llegase a materializar. El problema es que al final se ha hecho realidad con la presentación del CommonPass, un pasaporte creado en Suiza de la mano de The Commons Project Foundation y World Economic Forum, que sin ánimo de lucro han dado forma a un documento digital que podría llegar a instaurarse en los accesos de las fronteras del mundo entero.

De momento dicen los creadores del pasaporte que ya están hablando con los gobiernos de 37 países para realizar pruebas que permitan ver si la introducción de este sistema digital es una buena idea o no. En principio debería ser una forma por la que los viajeros tuvieran más facilidad para viajar, pero a todas luces a nosotros nos parece un factor más que llegará a empobrecer la experiencia turística. Y si los controles de las fronteras ya son lentos, imaginemos que ahora tenemos que añadir otro factor más a las interminables revisiones a las que se nos somete. Si antes ya perdíamos vuelos de conexión incluso con márgenes de 1 o 2 horas entre un avión y otro, ahora nos vamos a exponer a todavía más problemas y posibilidades de perder los vuelos. No es algo que nos haga ilusión precisamente.

Ante todo, sus creadores dicen que van a mantener en privado toda la información médica de los viajeros salvo lo referente a la inmunidad que hayamos desarrollado respecto a la COVID-19. Pero siempre quedan dudas al respecto.

Para que nos intentemos relajar respecto a la posible implementación de este pasaporte digital de control, sus creadores han publicado una guía de cómo será el proceso para utilizarlo. Todo se resumirá en estos pasos:

  1. Nos hacemos una prueba de la COVID-19 en uno de los laboratorios que hayan sido certificados o acreditados para ello.
  2. Subimos los resultados a la aplicación del pasaporte mediante nuestro teléfono móvil.
  3. Introducimos los datos sobre el viaje que vamos a realizar.
  4. Respondemos a las preguntas que nos hagan desde la app, personalizadas dependiendo del país que tengamos la intención de visitar.
  5. El país de destino realizará la revisión de la información que hayamos proporcionado.
  6. Obtenemos un código QR que tendremos que enseñar a los empleados de la aerolínea y también en la frontera. Allí leerán el código y así podrán tener confirmación de que nos encontramos libres de coronavirus.

Con esto terminará el proceso y en teoría deberíamos continuar con nuestro viaje sin incidentes. Hay algunas aerolíneas internacionales que ya han comenzado a hacer pruebas con el CommonPass para comprobar su utilidad. Se están haciendo controles, leyendo códigos QR y poniendo a prueba si el sistema es suficientemente claro y limpio como para que se pueda tener suficiente confianza como para dejar que los viajeros se muevan entre distintos países sin preocupaciones.

Argumentan los creadores del pasaporte digital que una de las ventajas de incluir toda la información de esta forma se encuentra en la comodidad que se proporciona a los gobiernos, fronteras y agentes de aerolíneas. Uno de los motivos es que la información se encuentra presentada de forma cómoda y sin preocupaciones acerca de estar presente en distintos idiomas que puedan llegar a ralentizar los procesos de confirmación. En principio el uso del pasaporte CommonPass tendría que ser rápido y ágil, incluso acelerando los procesos para que los viajeros fluyan entre distintos países. Además de la COVID-19, este pasaporte podría llegar a marcar un registro de otras enfermedades y contar con una lista de las vacunas de las que dispone cada viajero. Eso ayudaría a evitar incidentes graves que se puedan producir, por ejemplo, porque alguien se marcha a un país lejano sin haberse puesto las vacunas recomendadas para evitar sustos.

Otro aspecto que se menciona es que el uso del CommonPass permitirá que los gobiernos mantengan sus cuarentenas y puedan estar más tiempo cerrados a cal y canto salvo para aquellas personas que demuestren que están en posición de acceder por no encontrarse en una situación de riesgo.

En general son ideas que parecen sonar bien y que resultan, en cierta medida, muy lógicas. Pero hay algo en general que nos escama y que no sabemos muy bien qué puede llegar a ser. Quizá es la forma en la que desde CommonPass han comunicado la información, o el estilo de comunicación que utilizan en sus publicaciones sociales. Hay algo que no nos termina de convencer y que nos hace dudar y tener sospechas acerca de cómo este pasaporte digital podría producir más problemas que beneficios. Confiemos en que quienes tienen que darle el visto bueno sepan bien lo que están probando y analizando.

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