El estrés postvacacional

estres postvacacional

Las vacaciones son maravillosas. Viajar a cualquier parte del mundo, visitar nuevas culturas, pasear por monumentos históricos… todo fantástico. Lo malo es regresar. Volver a la rutina, a lo de siempre, al trabajo, a los estudios. Regresar a nuestra realidad. A nuestra ciudad. Esto implica un sobreesfuerzo físico o intelectual y una tensión emocional. Pensar en ello es todavía peor porque nos repetimos una y otra vez: «De nuevo aquí, otra vez a lo mismo de siempre». Y entras en ese círculo vicioso que se ha venido a llamar estrés postvacacional. Nuestro cuerpo se hace de alguna manera perezoso, sobrepasamos nuestra capacidad de adaptación y en estas circunstancias sufrimos un estado de agitación y ansiedad que altera nuestras funciones físicas, psíquicas y conductuales. Sufrimos la enfermadad más frecuente de nuestra civilización. Sufrimos el estrés.

A grandes rasgos, sea el motivo que sea por el que lo sufrimos, el estrés sigue siendo el mismo, con los mismos síntomas de siempre. Que sea «estrés postvacacional» no lo diferencia de cualquier otro estrés producido bajo otras causas distintas a las vacaciones. Los síntomas son comunes a todos ellos: incapacidad de disfrutar y ser felices, incapacidad de sintonizar con lo que nos rodea, pérdida de interés y motivación en nuestras actividades del día a día, lentitud de pensamiento, tristeza, pesimismo, actitud negativa hacia uno mismo, falta de concentración y de cratividad, incluso alteraciones del apetito y trastornos de sueño. Este tipo de estrés afecta especialmente a aquellos individuos que están insatisfechos con la vida que llevan, que viajaron para olvidarse de todo un tiempo, y que al volver se dan cuenta de lo que tenían desde el principio.

Volver a la normalidad es lo que necesitamos conseguir. Primero habrá que concentrarnos en nosotros mismos, en lo que queremos y en el estilo de vida que nos gustaría tener. Analizar nuestros pensamientos y desechar lo negativo. Valorar nuestro trabajo con las cosas agradables y desagradables que tiene, ver qué nos reporta de bueno y qué nos gustaría cambiar. A partir de ello, hay que combatir contra el estrés y la mejor manera es realizando tareas que nos mantengan la mente ocupada. Hacer deporte es un buen aliado de la salud y también puede serlo de la distracción. Dejar tiempo para realizar actividades que nos gusten y nos diviertan. Compartir tiempo con nuestro seres queridos. No descuidar la alimentación. Relajarse después del trabajo para liberar la tensión nerviosa que nos produce el mismo. Y dedicar las horas necesarias a dormir para mantener una buena salud física y mental. En definitiva, se trata de ir contra los propios síntomas del estrés. Con ello conseguiremos atrapar nuevamente las riendas de nuestra vida, las mismas que dejamos aparcadas antes de salir de viaje. Lo difícil es hacerte responsable de capitanear tu cabalgadura. Una vez estás mentalmente preparado, ponerte a trote será lo más fácil de todo.

Fuente: Puleva Salud

Foto: Vivionitier

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