Una aventura en el Pirineo Catalán

Si tendría que encontrar una palabra que sea la más cercana a lo que conozco de paz y tranquilidad, esta sería sin duda el Pirineo catalán, un lugar maravilloso en donde sus pueblos y la arquitectura de cada uno de ellos se mimetizan tanto que son casi parte de los paisajes naturales que se pueden observar allí, algo que hace que la estadía en ese lugar sea simplemente increíble.

Siempre he pensado que los viajes deben tener un significado más allá que el del simple viaje, es decir más allá de sólo salir de tu ciudad para visitar otra por unos días. Sin embargo, cuando mis amigos y yo decidimos comprar boletos de avión y reservar en un hotel en Pirineo – Catalán, lo menos que pensé fue en encontrarle un sentido al viaje.

En el Pirineo Catalán

En el Pirineo Catalán

Había pensado que este sería el viaje para descansar de la rutina, ya que más o menos en un año y medio no había tomado vacaciones, simplemente porque le temía al vacío de hacer nada y quería sentirme al menos, con la mente ocupada en algo.

Pues bien, les decía que el lugar elegido fue el Pirineo Catalán, la razón era sencilla, las incontables fotos que había visto antes de ir a ese lugar me transmitían una paz confortable que no estaba dispuesta a rechazar, no esta vez. La ruta que tomaríamos una vez que llegáramos allí ya estaba pautada. Nos dirigiríamos al valle de Arán en la zona noroccidental de Cataluña, para ser exactos, en la frontera con Aragón y Francia.

Si hay por lo que se caracterizan los Pirineos Catalanes es porque todo parece estar integrado al unísono, es decir sus pueblos y la arquitectura de cada uno de ellos se mimetizan tanto que son casi parte de los paisajes naturales que se pueden observar allí, algo que hace que la estadía en ese lugar sea simplemente maravillosa, haciéndonos olvidar las tardes de tráfico, el smog y la contaminación de la ciudad.

Relax en el Pirineo Catalán

Relax en el Pirineo Catalán

Después de esta visita pasamos al valle de Boí que tiene una extensión aproximada de 220 kilómetros, siendo un conjunto de valles que presenta un paisaje montañoso que se mezcla de manera hermosa con la arquitectura románica y que llama la atención por la belleza de las iglesias de la época del periodo feudal en la zona.

Allí hicimos un paseo a caballo que nos encantó pues uno en la ciudad está tan acostumbrado a pasear en un coche encerrado, que transportarse de un lugar a otro mirando el paisaje y sintiendo el aire en el rostro es sencillamente fantástico.

Este viaje me dejó con sabor a querer volver y es que siempre hay oportunidad para volver, claro que será de aquí a un tiempo, lo que sí sé es que si me dijeran ahora mismo que recomiende un lugar donde uno pueda desestresarse y pasar un momento conectado con la naturaleza de manera integral, este lugar sería el Pirineo Catalán, sin lugar a dudas.

Foto 1 de susan_ve_go en Flickr

Foto 2 de f0ff0 en Flickr

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