Tolar Grande, un cambio de aires

Los lugares más dignos de visitar a veces son aquellos lugares menos visitados. Posiblemente porque ni siquiera sabemos que existen. Es lo que ocurre con Tolar Grande. Llegamos a Argentina, dentro del Departamento Los Andes y la provincia de Salta. Nos dirigimos hacia la puna (o tierras altas) y entramos en el pueblo. Acabamos de cruzar 387 km desde la ciudad de Salta y ahora observamos nuestros alrededores. Un promedio de 120 habitantes desarrolla su vida en casas de adobe. Entre las edificaciones hay estructuras damnificadas que se derrumban sobre la árida tierra del lugar. Es como si acabaras de entrar en un pueblo del oeste en mitad del desierto. Te rodean montañas puntiagudas, quebradas y valles, y hundimientos en la tierra bañados de sombras rojizas. Si tras un largo sueño despertaras y te encontraras para tu sorpresa en el planeta Marte no hallarías mayor diferencia entre ambos lugares.

Tolar Grande en Argentina

Tolar Grande en Argentina.

Tolar Grande es, sin lugar a dudas, un sitio curioso, diferente y único. A lo largo de la vasta extensión de terreno que circunda la zona pueden visitarse varios poblados como éste que se sumen en mitad del silencio. El lugar alberga paisajes de 4000 metros de altura, con toda una gama de formas y colores que bien podrían servir para la escenografía de una película de vaqueros o de una visita a otro planeta. Es uno de esos lugares que sirven para soñar, para intentar reconstruir vidas desarrolladas años atrás en la inmensidad del desierto. Un paisaje casi surrealista que reúne todos los parámetros necesarios para coronarse en la lista de lugares extraños.

Exceptuando una breve temporada de vientos y nevadas, el clima es muy agradable durante todo el año, lo que permite disfrutarlo durante prácticamente diez meses. Los alrededores de Tolar Grande poseen sitios de interés natural, geológico, cultural y arqueológico, así que no perderemos el tiempo en este viaje. Si eres historiador te interesará saber que también conserva una parte importante del pasado prehispánico; y si no lo eres, maravíllate por igual con los hallazgos que se revelarán ante tus ojos. Podrás visitar las montañas de Macón, Aracar y Lullaillaco que constituyen auténticos santuarios donde descansa en paz y gloria una de las civilizaciones más prósperas de la historia, los incas. Podrás contemplar los llamados «ojos de mar», lagunas profundas y saladas donde habitan las bacterias posiblemente más antiguas de la Tierra: los estromatolitos. No son lagunas cualquiera, en mitad de tanta desolación, te dejará boquiabierto la existencia de estos estanques de aguas turquesas, tan vívidas e intensas que resultarán como un espejismo de oasis. Por último, podrás estar en contacto con la naturaleza, no solo con la vegetación, sino también con ejemplares de flamencos, vicuñas, llamas y zorros que deambulan en este territorio puramente salvaje.

El lugar está lejos, ese es el pequeño inconveniente. No hay caminos rápidos ni medios para desplazarse con facilidad. Pensemos que el trayecto hasta el corazón de Tolar Grande forma parte de la aventura, del encanto del paisaje, de lo maravilloso del lugar. Sitios tan fantásticos solo pueden existir en la sombra del desconocimiento y del aislamiento. Difícilmente podrá seguir conservándose un paisaje en semejantes condiciones si se ofrece sin pudor a la explotación turística. Es mejor que lo descubramos un día sin pretenderlo y decidamos viajar por nuestra cuenta. Si acabas de leer este post, ese día ha llegado y puede que sea la hora de preparar tus maletas.

Foto: Alicia Nijdam

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