Los Monasterios de Meteora: todo un desafío al vértigo

Sobre unas impresionantes masas rocosas donde resulta difícil imaginar que alguien pudiese construir algo, los monjes ortodoxos griegos ubicaron sus monasterios hace 700 años.

Atenas o las islas griegas son, sin duda, los destinos turísticos más conocidos de Grecia. Sin embargo, hay muchos más lugares a lo largo del territorio heleno donde historia, tradición y naturaleza se funden para dejar boquiabiertos a los que los conocen. Es el caso, por ejemplo, de los Monasterios de Meteora, ubicados sobre los más altos cerros que coronan el Valle del río Peneo y que hacen preguntarse a más de uno sobre cómo han conseguido construir esos edificios ahí.

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Uno de los Monasterios de Meteora coronando un cerro del Valle del Peneo.

La historia de Meteora (cuyo traducción literal es ‘en el aire’) se remonta al siglo XI. Los primeros monjes que llegaron al lugar habitaron en las cuevas del valle, pensando que cuanto más alto fuese el lugar donde rezaban, más cerca estarían de Dios. Fue ya en el siglo XIV cuando San Atanasio fundó la primera orden monástica ortodoxa de Meteora. El enclave presentaba las condiciones idóneas para la vida ascética, por lo que no tardaron en nacer nuevas órdenes y ya en el siglio XVI había veinticuatro promontorios coronados por sus respectivos monasterios.

Sin embargo, a día de hoy, tan solo seis de ellos han conseguido sobrevivir a las distintas guerras contra los turcos, a las Guerras Macedonias de principios del siglo XX y, sobretodo, a los ataques nazis en la II Guerra Mundial. Episodios trágicos que se recogen entre los muros de estos supervivientes a los que, sin duda, merece la pena conocer.

Pero si no se dispone de tiempo suficiente para recorrer los 17 kilómetros llenos de subidas y bajadas que existen entre ellos, la mejor visita nos la ofrece el monasterio de la Metamorfosis, también conocido como ‘Gran Meteoro’. Ubicado a 613 metros sobre el nivel del mar, en él se esconde uno de los mejores ejemplos conservados de arquitectura bizantina: el Katholikón, su iglesia central. Además, sus dos museos recogen numerosos tapices, grabados e imágenes que nos acercarán un poco más a la historia de la región y a la de Grecia. Por último, no podemos irnos de allí sin conocer las celdas de los monjes para comprender como es su vida allí, y sin contemplar las magníficas vistas del valle del Peneo que nos ofrecen sus distintas terrazas.

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Otro de los Monasterios de Meteora, en esta ocasión visto desde una de sus terrazas.

También cabe destacar al monasterio de Agios Stefanos (San Esteban), donde la capilla del santo cuenta con bellas tallas de madera y espectaculares frescos que datan del siglo XVI; y al de Agia Triada (Santa Trinidad), posiblemente el que más sorprende por la dificultad de construir en el peñón donde se sitúa. De hecho, la leyenda sostiene que se necesitaron cerca de 70 años para acarrear los materiales de construcción y las piedras hasta allí arriba, antes de poder empezar a construirlo.

Así, sin lugar a dudas, estos monasterios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 (y donde para entrar es imprescindible llevar pantalón largo y los hombros cubiertos) son los grandes protagonistas del lugar. Pero para quien no quiera conocer los refugios monacales, el Peneo también esconde numerosos senderos por los que conocer este valle del que nacen muchas historias de la mitología griega. Además, todo está situado en la prefectura de Larissa, conocida por muchos como la meca del turismo alternativo.

Fotos cod_gabriel y cod_gabriel

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