Los cinco placeres de viajar en tren

Cómodo, seguro, sin tasas adicionales ni excesos de equipaje. Sin colas, sin controles de seguridad, pero con espacio para la movilidad y ventanas por las que mirar en todo momento. Una maravilla, ¿no os parece?

Interior de tren

A veces olvidado por la preponderancia del avión o el coche, el tren es una alternativa que el viajero debería tener en cuenta. Ecológico, confortable e ideal para trayectos de corta duración, permite desde viajes largos con varias escalas (el popular Interrail o el Transiberiano son claros ejemplos) hasta escapadas de menor alcance, pasando por «cruceros» de lujo a bordo de verdaderas maravillas ferroviarias.

A continuación lanzamos cinco lanzas a favor del tren como medio de transporte:

    • Es barato: Sí, vale. Para ir de Bilbao a Sevilla es mucho más práctico y económico el avión, igual que para ir de Madrid a París. Pero el tren es una alternativa barata para la corta distancia, y una forma ideal de hacer turismo interior. Los pueblos y ciudades más encantadoras se encuentran a veces a menos de tres horas en tren de casa. Además, el tren es ideal también para recorrer países o continentes, como avanzábamos con anterioridad, gracias a billetes «low cost» pensados para viajeros de mochila en la espalda y sin grandes exigencias de confort.
    • Es cómodo: Lo es desde que adquieres el billete hasta que llegas a tu destino, y por muy distintos motivos. Porque no hay colas de embarque ni controles de seguridad. Porque el equipaje viaja siempre contigo y los límites establecidos son amplios en ese sentido. Porque una vez a bordo no hay turbulencias, ni necesidad de abrocharse el cinturón de seguridad. Y sobre todo, porque tanto el lugar de partida como el de destino se encuentra en el centro de la ciudad o muy bien conectado con el mismo.
    • Puedes mirar por la ventana: Nada de placeres limitados al copiloto, o de mirar por la ventana y solo ver nubes. El tren permite tener la mirada puesta en todo momento sobre el exterior. Paisajes que van pasando y van cambiando, pueblos con encanto, población local haciendo sus actividades diarias ajena a nuestra mirada… Y un largo etcétera.
    • Movilidad a bordo: Son evidentes las dificultades para moverse dentro de un coche. Y aunque en el avión podemos levantarnos y visitar el lavabo, hay poco más que recorrer. Sin embargo, uno puede recorrerse todo el tren por simple hobby o por estirar las piernas. Y de haberlo, tomar algo en el vagón restaurante o comprar algo en la máquina de refrescos. Sin azafatas, áreas de servicio ni intermediarios.
    • Nada de tasas sorpresa: En un tren pagamos el billete y listos. Nada de excesos de equipaje, ni de repentinos aumentos por exigencias aeroportuarias. Ni siquiera esa necesidad tan molesta de calcular previamente un gasto aproximado en gasolina, peajes o aparcamiento. ¿Hay algo más cómodo que saber lo que vas a gastar?

Foto / Morrissey

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