Las encantadoras gárgolas de Notre Dame

Impasibles desde hace siglos contemplando la ciudad a sus pies, las encontraremos tras subir los 387 escalones de las torres de la Catedral de Notre Dame. Son, sin duda, una de las mejores atracciones de París.

Gargola Notre Dame

De las millones de cosas que no nos podemos perder en un viaje a París, la Catedral de Notre Dame es una de las más populares. Solo hay que ver el gentío que se concentra en su entrada, a orillas del Sena, deseoso de contemplar su inmensa planta gótica y sus magníficos rosetones.

Pero si hay algo obligatorio en Notre Dame es coronar la base de sus torres, de 69 metros de altura. Subir los empinados 387 escalones y conocer el lugar donde vivió Quasimodo, el mítico Jorobado de Notre Dame. Pero sobre todo, captar las espléndidas vistas de la ciudad en compañía de las gárgolas. Los personajes más populares de esta catedral parisina.

Las gárgolas fueron talladas e instaladas durante la construcción de la catedral, entre los siglos XII y XIV. Sin embargo, muchas de las que contemplamos hoy en día pertenecen a una restauración impulsada por Eugène Viollet-le-Duc en el siglo XIX, ya que las originales se encuentran en la parte superior del edificio y escondidas a nuestros ojos.

En cualquier caso, estos personajes grotescos representan diablos, quimeras, vampiros, grifos, animales feroces y otros temibles seres. Y son una práctica muy extendida en tiempos medievales, y sobre todo durante el auge del gótico.

Se dice que en su día las gárgolas cumplían la función de ahuyentar los malos espíritus, así como la de espantar a los pecadores que se acercaban a la casa de Dios. Más allá de ello, también tenían la función práctica de desaguar el agua de la lluvia.

Las gárgolas de París, de gran belleza, posan además contemplando las vistas a su alrededor. Son nuestras compañeras en la experiencia fotográfica de disfrutar y plasmar el paisaje. Merece una especial mención el personaje alado que, desde hace siglos, reposa su cabeza sobre sus manos. Maravillado e impasible.

Junto a las gárgolas podemos divisar edificios tan típicos de París como la Torre Eiffel, la Iglesia del Sagrado Corazón (y en consecuencia, el montículo que puebla el barrio de Montmartre) y la torre de Montparnasse. Es por eso que, a título personal, considero el subir a Notre Dame una experiencia imperdible en París.

Si hay que escoger entre subir a la Torre Eiffel o a Notre Dame, por mi parte no hay duda. Eso sí, no nos libraremos de la cola. Porque aunque la que hay para subir a la catedral es infinitamente menor ?incluso puede parecer poca-, avanza muy lentamente. Hay que tenerlo en cuenta antes de ponerse a esperar.

Lo mejor en una ciudad tan visitada como París es ir con paciencia, pero sobre todo con tiempo. ¡Necesitaremos un día entero solo para ver el Louvre! En tiempos de crisis tantos días fuera de casa pueden afectar al presupuesto. Excepto, claro, si alquilamos un apartamento.

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Con opciones baratas y las gárgolas esperándonos, no hay excusa que valga para quedarse sin subir a Notre Dame.

Foto: Meritxell Fandiño

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