La melodía eterna de Corleone

Con una melodía clavada en la cabeza llegué a aquel pueblo. La misma con la que me fui, la misma que ha acompañado tantos ratos frente a una pantalla y que fui incapaz de sacudirme en mi visita a Corleone. Como un estigma incurable, compartí esa sensación agobiante con los habitantes del pueblo más famoso de la historia del cine. Yo no me pude quitar la canción de la cabeza, ellos conviven eternamente con el dudoso honor de ser el pueblo más mafioso del mundo, aunque no sea así.

Amarillentos paisajes de Corleone

¡Maledetto Coppola! Exclaman algunos, cuando te aventuras a preguntarles qué tal llevan eso de ser el pueblo de Don Vito, el inmortal Padrino. Seguro que antes, cuando se estrenó la película -hace exactamente 40 años- todos recibían con los brazos abiertos a los millones de visitantes que buscaban una mísera foto con el cartel a la entrada del pueblo. Pero luego el director estiró de la cuerda, quiso alargar la historia, bucear en los ascendentes de la familia y allí que se fue, de la mano de un desconocido Robert De Niro, a Corleone.

Quedaron entonces inmortalizados aquellos paisajes rocosos, semidesérticos, y aquellas calles con casas apretujadas. Y aquellas iglesias. ¡Unas cien! Te dice algún devoto, sacando pecho cuando la conversación al fin se desvía de los senderos cinematográficos. Porque allí Dios está en todas partes. En la iglesia de los Capuchinos, en la de los Agustinos o en la madre de todas las iglesias, la Chiesa Mare.

De poco vale que algún estudioso, natural de Corleone, intente guiarte hacia lugares asombrosos, eclipsados por la legendaria mística mafiosa del lugar. Sí, visité el Palazzo Provenzano y me detuve ante la Pietra Militare; también estuve encima de aquel enorme peñasco, a la sombra del cual se extiende Corleone y sobre el que se alzan el castillo de los Franciscanos y el Soprano -en ese momento volvió a saltar la chispa de la mafia televisiva, para mayor irritación de mi guía-, y disfruté con la maravillosa cascata que cae entre las imponentes rocas. Lo visité todo y hablé con los corleoneses (no con los 12 000pero anduve cerca) de temas tan alejados del cine como la marcha de los equipos sicilianos en la Serie A del calcio -no lo he dicho, pero Corleone está en la isla de Sicilia, en la provincia de Palermo-, pero fui incapaz de quitarme la dichosa melodía de la cabeza.

Claro, enfermo de mí, aquellas notas de Nino Rota, la voz de Brando y los disparos atravesando a James Caan se arremolinaron dentro de mí cuando me mostraron, con cierto orgullo, la calle 11  Aprile, en conmemoración al día en que arrestaron al capo más peligroso de los últimos años, con permiso de Don Vito. Además, este fue real: Bernardo Provenzano, el tipo más peligroso de la Mafia, detenido en el propio Corleone no hace demasiado.

Con aquella detención, Corleone quería quitarse el estigma. Imposible, a no ser que consigan censurar la obra magna de Coppola en todas las televisiones del mundo o, al menos, consigan que reediten la película silenciando esa eterna melodía.

Fuente | Escapadas Europa La Sicilia

Foto | Toprural

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