La Gran Muralla china, por Sánchez Ferlosio

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Hay ocasiones en las que no hace falta desplazarse físicamente a un lugar para sentirse cerca de él y captar su esencia y sentido. Para eso está la literatura, las escrituras que nos llevan muy lejos a través de nuestros ojos sin tener que dar un paso físico, pero sí intelectual.

El genial y correoso Rafael Sánchez Ferlosio, apartado por el poder prácticamente por completo de la realidad construida por los grandes medios, ofrece una descripción de la Gran Muralla china, posiblemente la construcción imperial más impresionante levantada por el hombre. Pero, ¿se trata de una obra humana o una obra de la naturaleza? Ferlosio lanza sus dudas de forma magistral en su “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”. Os dejamos con el fragmento:

“Es esta Gran Muralla de la China la construcción más enigmática y más singular del mundo. La veréis alejarse por leguas incontables, ascendiendo, bajando, rodeando, bifurcándose, quebrándose, con la lenta paciencia, pero también la siempre renovada incertidumbre de una serranía. Tan pronto, convencida de sí misma, se erguirá ante los ojos, coronando las lomas en nítida y bien tallada crestería, como al momento, indecisa y confundida, rehuirá cualquier mirada, quién sabe si disgreñándose en arena o desvaneciéndose en calígine, quién sabe si extraviándose en ramales que se apartan, dispersa, interminablemente, por sinuosos e inciertos perdederos. ¿Hay en ella lugar en el que pueda decirse “aquí comienza”? ¿Hay cabo en el que alguien se atreva a aseverar con aplomo y convicción “aquí termina”? Y, como en el espacio, así en el tiempo, ¿cómo hallar fundamento de sentido en decir “fue terminada” o “quedó por terminar”? De las diversas obras por las que fue en distintos tiempos levantada no parece que pueda predicarse sino que cesaron.

Mas con las obras de los hombres cuadra siempre, afirnado, negado, o preguntado, el terminar; ajenos aconteceres habrán de ser aquellos respecto de los cuales no cabe otra palabra que “cesar”. De aquí que no resulte increíble la sospecha que existe acerca de la Gran Muralla, sospecha tácita pero ya desde antiguo difundida, aunque no sin que hubiesen de vencer grandes temores los pocos se atrevieron a expresarla: el terror que infundía el hecho mismo, no el que emanaba del Emperador. (….)

Tal sospecha consiste en que la Gran Muralla, no ya por voluntad de los mandarines ni de emperadores, sino a despecho de ellos y por su propio acierto y albedrío, supo encontrar el ademán geológico, cierto gesto preciso que se requería para hacerse entender por la naturaleza, señas para decirle: “Tómame contigo”, y que la naturaleza la escuchó y, arrebatándola hacia sí, la recogió en su seno para siempre”.

Y Ferlosio se pregunta efectivamente: “¿Es verdaderamente una obra humana?”

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