La Barcelona secundaria

Cuando se habla de viajar a Barcelona es inevitable pensar en las obras modernistas de Gaudí o el legado de los Juegos Olímpicos, pero hay mucho más por conocer. El Parc de Collserola o los jardínes del Laberinto de Horta son grandes visitas que no deben perderse

Cuando un turista se plantea viajar a Barcelona en muchas ocasiones se centran en una serie de generalizaciones como la ruta del modernismo con Antoni Gaudí a la cabeza, las instalaciones de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 o dejarnos acariciar por el delicioso sol de la zona marítima con el Maremagnum y la Vila Olímpica a la cabeza. Todo eso está muy bien, pero no concretar el alquiler de coches en Barcelona sería desperdiciar la oportunidad de conocer a la auténtica ciudad condal.

Las famosas fuentes de Montjuïc son un destino obligado para el verano barcelonés

Uno de estos lugares que merecen la pena conocer y que está muy cerca del centro urbano es el Parque Natural de Collserola. Muchas personas solo la tienen presente como la ubicación del mítico Tibidabo, con su preciosa iglesia que parece estar vigilando desde lo alto a la ciudad. Se trata del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón y junto al Parque de atracciones forman dos importantes atractivos. Pero no aprovechar su ubicación para realizar algunas de las rutas senderistas que nos permite el Parque Natural de Collserola sería imperdonable.

Un lugar que siempre transmite una descarga extra de sensaciones son las fuentes de Montjuïc en las noches de verano. Puede que sí se llene en exceso, puede que no sea la forma más original de conocer a una ciudad diferente pero es una visita obligada. Juegos de luces, juegos de agua y todo acompañado con buena música. La verdad es que incluso se logra abstraer de una cierta sensación de claustrofobia en según qué días de agosto.

Dentro de este redescubrimiento de zonas conocidas pero que no se valora lo suficiente para la gran mayoría de turistas está precisamente muy cerca de las fuentes descritas. Estamos hablando del Castillo de Montjuïc, situado a 170 metros de altura sobre el mar sobre la montaña que lleva el mismo nombre. Es una antigua fortaleza militar (la primera fortificación fue en 1640) que en la actualidad está remodelándose para ser un espacio abierto, en el que se unirán jardines deliciosos, cultura, arte e historia. Sin duda, uno de esos sitios mágicos que no sufren grandes concentraciones de turistas.

Aunque si hablamos de jardines, no podemos dejar de visitar una de esas joyas creadas a mediados del siglo XIX, en plena época del romanticismo. Estamos hablando de los jardines del Laberinto de Horta. Es el más antiguo de la ciudad y personalmente el que tiene más encanto. No te olvidarás fácilmente de recorrer los 750 metros de laberinto formado por cipreses recortados.

Fotografía: Toñi Crespo

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