EL MERCADO DE LAS PULGAS DE PARÍS

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El marché aux puces que se extiende entre la puerta de Clignacourt y la puerta de Saint Ouen, el más grande y antiguo de los mercados de las pulgas de París, es un hervidero en el que se cruzan traperos con verdaderos coleccionistas de antigüedades venidos de la otra parte del mundo. Aquí se entrelazan las tiendas de moda (en las que predomina la estética hip-hop), los vendedores ilegales (que ofrecen relojes, tabaco y otras mercancías de contrabando) y los trileros, que también trabajan a la caza del turista (no se le ocurra apostar al juego de los cubiletes: no saldrá ganando).

Entre esas siete hectáreas de bullicio, el mercadillo Vernaison (calle des Rosiers) constituye, en mitad del tráfago, un remanso de paz contrastando con otras zonas más turísticas donde se encuentran la mayoría de hoteles en París. Es su entramado de callejas cada giro es una sorpresa y cada golpe de vista puede deparar un descubrimiento.

Desde cartas de amor o postales de vacaciones de antaño (a 1 euro) hasta muebles y vestidos millonarios, pasando por juguetes, monedas y utensilios variados. Los vendedores, mimetizados las más de las veces con sus mercancías y dispuestos a matar el tiempo –entre cliente y cliente– echándose algo a la boca, son también una pieza de museo. Aunque no estén en venta, el visitante siempre podrá regatear con ellos y pasar así un buen rato. Un consejo: si descubres algún cachivache o reliquia entre la balumba de los expuestos por algún vendedor o mercachifle, sobre todo no dejes que la alegría se te manifieste. Sin dejar traslucir el mínimo brillo en tus ojos, limítate a preguntar con indiferencia cuánto vale eso. Así podrás regatear el precio más ventajosamente (hasta, pongamos por caso, reducirlo a la mitad). Pues ocurre frecuentemente que, en esos mercados del extrarradio, el valor de la mercancía es cosa vaga, y así se construye en función directamente proporcional al aspecto y entusiasmo de su comprador potencial.

Los curiosos y amantes del jazz podrán hacer un alto en el bar La Choppe des Puces (calle des Rosiers, nº 122), en el que, los fines de semana, y de 14 h. a 19 h., un par de sobrinos del gran jazzista Django Renard, entre cerveza y cerveza, y entre fotos del maestro, hacen sonar la música. No son su tío, pero una cerveza o un café sientan muy bien tras una mañana en el mercado.

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