Cuatro remansos de paz en la bulliciosa Nueva York

Escondites en Central Park o a orillas del Río Hudson. Los hay, aunque pocos los conocen, y son muy agradecidos para descansar de una intensa jornada en la Gran Manzana. Porque Nueva York también es una ciudad para relajarse.

Faro Rojo

Da igual que seas turista y que lo que busques precisamente sea esa Nueva York que no duerme, que es un ir y venir de coches y gente, que centraliza culturas de todo el mundo en un solo espacio. Llegará un momento durante tus vacaciones en el que agradecerás un descanso de todo ello. Un lugar en el que aislarte de todo y respirar la otra Nueva York. Aquella en la que, aunque no lo parezca, el tiempo pasa muy despacio.

Por gentileza de Lonely Planet, e aquí cuatro lugares en los que relajarse en Nueva York:

  • Biblioteca Pública de Nueva York: Se encuentra justo sobre el punto más ruidoso de la ciudad, la estación de Bryiant Park. Un lugar que alcanza los 93 decibelios,unos 15 más que los registrados en Times Square. Sin embargo, en el interior de la queridísima Biblioteca Pública de Nueva York nos espera algo muy distinto. Paz, tranquilidad y belleza en este edificio de 101 años de antigüedad, famoso por su segunda planta. Una inmensa sala con las dimensiones de dos manzanas neoyorquinas.
  • The Ramble en Central Park: Con un nombre que nos remite a las Ramblas barcelonesas, este paseo marca el corazón de Central Park. En consecuencia, se encuentra alejado del mundanal ruido. Su estética es la de un bosque salvaje, con senderos por los que perderse en búsqueda de la tranquilidad.
  • El pequeño faro rojo: Los alrededores del río Hudson son perfectos para recorrer en bici, y nos recuerdan que Nueva York es, en el fondo, una ciudad fluvial. Los lugares más relajantes solo se pueden alcanzar a dos ruedas. Por ejemplo, el pequeño faro rojo bajo el puente de George Washington, traído desde Nueva Jersey en 1921. En sus alrededores verdes los lugareños se sientan a pescar, olvidando la bulliciosa ciudad en la que viven.
  • Rincones de Roosevelt’s Island: En cada lugar pasado por alto, la bizarra isla de Rooesevelt puede ofrecrnos momentos de gran tranquilidad con vistas al East River. Hace años hogar de un sanatorio, a Roosevel se puede llegar facilmente en teleférico. Algo que ya nos remite a la paz de la vista de pájaro. Una vez allí, es recomendable acercarse hasta el Southpoint Park, construido alrededor de las ruinas del hospital. Tras un relajante paseo de 20 minutos a orillas del río y en dirección norte encontramos el faro de North Point.

Foto: sjg08.

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