Cão Grande, un cuello volcánico peculiar

África es uno de esos lugares que no figura entre los destinos turísticos de las agencias, si exceptuamos Marruecos, Túnez y Egipto. El resto del continente es un mapa desconocido para el mundo entero. Se conocen los nombres de países y de ríos, pero poco sobre los entresijos y actividades culturales que se desarrollan en ellos. Uno de esos lugares son las islas de Santo Tomé y Príncipe. Situadas en el Atlántico ecuatorial, constituyen el país más pequeño de África. Las islas forman parte de una cadena montañosa de volcanes extintos, la de Santo Tomé tiene un tamaño de 50 km de largo y 32 de ancho y es la más montañosa. La isla de Príncipe, por su parte, tiene un tamaño de 16km de largo por 6km de ancho.

Pico Cão Grande

Pico Cão Grande en la isla de Santo Tomé.

Uno de los motivos que puede arrastrarnos hasta este recóndito lugar del planeta es precisamente la existencia de accidente geográfico poco común. Estoy hablando del Pico Cão Grande, un cuello volcánico con forma de aguja que emerge en mitad de un paisaje corriente, aumentando así el dramatismo y el surrealismo del paisaje. También llamado Pico do Caué, se trata de una imponente torre de penedo (una aguja basáltica como ya decía) de 663 metros de altitud, que yace junto a la antigua plantación de Emolve, al sur de la isla de Santo Tomé. Su forma estrecha lo hace aparentar mucho más grande y estilizado, e incluso, más sorpredente que otros cuellos volcánicos de gran popularidad como lo es, por ejemplo, la Torre del Diablo (386m.) en Wyoming, Estados Unidos.

En realidad se trata de la cocina de un antiguo volcán a la que la fuerte erosión acabó con su recubrimiento original. Su verticalidad hace que la vegetación que la recubre se reduzca a matojos y que la columna basáltica quede a la vista, sobresaliendo entre los frondosos bosques y plantaciones de palmera dendé que se encuentran en su base. De ahí su imagen imponente y majestuosa.

Este cuello volcánico es una pieza más del numeroso conjunto de panes de azúcar (el mayor, Pico María Fernandes, 861 metros) y torres de penedo que se suceden en el centro y en la zona meridional de la isla. La existencia de estas estructuras geológicas está relacionada con las condiciones climáticas de las regiones calientes y húmedas y con la naturaleza de la roca (son rocas fonolíticas) y constituyen necks moldeados por la erosión. Es sin duda aquí, en la isla de Santo Tomé donde se encuentran las muestras más contrastadas de este fenómeno natural. Además, el clima las presenta como un escenario fantástico donde la excesiva humedad y las abundantes precipitaciones (hasta 5.000 mm. al año) hacen resaltar sus siluetas en un paisaje gris.

No sé sabe muy bien si el Pico Cão Grande tiene alguna significación mágica para los habitantes de la isla, pero sin duda es el emblema local. Esa es la impresión que se apodera de todo visitante cuando al doblar el puerto en la carretera hacia el sur, de pronto se encuentra esa enorme montaña cubierta de musgo, de superficie resbaladiza, en mitad de un paisaje selvático, entre un mar de neblina grisacea. Actualmente se encuentra dentro del Parque Nacional Obo, conocido precisamente por sus selvas densas tropicales, de gran interés biológico.

Fuente: www.saotomeprincipe.eu

Foto: Rui almeida

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