Un paseo por la Lisboa de la Expo 98

Lisboa tiene muchos atractivos para ser visitada, pero desde 1998 se añadió los diferentes pabellones que se crearon con motivo de la Exposición Internacional

Cuando visité Lisboa tuve la sensación de ser una ciudad que bebía de elementos característicos de lugares comunes. Por una parte, me recordaba a la Barcelona antes de la transformación sufrida con los Juegos Olímpicos de 1992. También tenía algo con algunas poblaciones costeras andaluzas. Incluso tenía la majestuosidad en algunas zonas de Madrid. Sin embargo, todo ello no le hacía menos interesante, sino más bien el contrario: otorga una personalidad única y ecléctica que atrae a todo aquel que la visita.

El delgado techo de 20 centímetros del Pabellón de Portugal que emula las velas de un barco

Uno de los lugares que mayor incremento de visitas tiene es el espacio que se creó con motivo de la Exposición Internacional de 1998, que tuvo el lema de Los océanos: un patrimonio para el futuro. Está situada en el límite oriental de Lisboa, muy cerca del río Tajo. La ciudad creció y mejoró una zona bastante olvidada y lo hizo con varios pabellones espectaculares, de los cuales el de Portugal, ideado por Álvaro Siza, quien ganó el Premio Pritzker en 1992. Este pabellón merecerá un apartado especial en nuestro particular repaso.

Una de las grandes características de la construcción de esta exposición fue priorizar la relación de la naturaleza con el agua, protagonista de este evento. Además, se diferenció de otras exposiciones anteriores y posteriores, en el hecho de que había grandes pabellones en los que los 140 países participantes organizaron sus exhibiciones. Entre los pabellones merece la pena repasar algunos por su espectacularidad.

Uno de ellos es el Pabellón Utopía: con capacidad para 15.000 espectadores, está ubicado en el centro del complejo. Tienen una forma ovoidal y en él se realizaban espectáculos multimedia con la temática del mar. Otro de los más destacados es el Pabellón del conocimiento de los Mares: de líneas muy racionales tiene el principal atractivo en los juegos de agua y música que hará las delicias de los pequeños y no tan pequeños.

El Oceanário, por supuesto, merece una atención especial. Está creado por cuatro volúmenes que sobresalen las esquinas, pero ante todo es el segundo más grande de toda Europa. En su hábitat viven nada menos que 15.000 seres vivos de casi 500 especies distintas.

Como avancé anteriormente, el Pabellón de Portugal merece una atención especial. No es por su espectacularidad, ya que son de líneas sencillas, sino por lo racional de sus formas que forman un conjunto harmonioso que invita a recorrer el espacio sin descanso. El techo delgadísimo de apenas 20 centímetros es una preciosa metáfora de las velas de los antiguos barcos transoceánicos.

Fotografía: endless autumn

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