Capilla Sixtina, ¿habrá restricciones en el número de visitas?

El polvo, los cambios de temperatura y la humedad están perjudicando el estado de los frescos de la Capilla Sixtina. Aunque se instalará un sistema de climatización para mantener estable la atmósfera en el templo, controlar el flujo de visitantes es una medida que no se descarta.

Este verano conocíamos una noticia que inquietaba a quienes deseaban visitar la imponente capital italiana. El Coliseo de Roma, uno de sus mayores atractivos, estará cubierto de andamios a partir de diciembre para ser restaurado. Seguirá abierto al público, pero está claro que la foto de postal perderá parte de su encanto. Superado este golpe, los visitantes se enfrentaban ahora a otra amenaza: el cierre de la Capilla Sixtina.

Este templo del Vaticano es uno de los mayores alicientes del museo. Se calcula que cada día lo visitan entre 15.000 y 20.000 personas, todas ellas deseosas de contemplar los fascinantes 1.000 m2 de frescos que Miguel Ángel tardó cuatro años en pintar. Entre 1508 y 1512 este artista renacentista, uno de los más reputados de la historia de la humanidad, pasó gran parte de su tiempo colgado de un andamio, creando una de las obras artísticas más apreciadas del planeta.

Las miles de visitas diarias se traducen en unos cinco millones de visitas a lo largo del año. Y eso pese a los 15 euros que cuesta la entrada al conjunto de museos del Vaticano. Un conjunto que podría considerarse una de las mayores maravillas artísticas y arquitectónicas de Occidente. El resultado son aglomeraciones y un fluir continuo de personas, que se traduce en una irremediable influencia en su estado.

Los frescos de la Capilla Sixtina ya tienen 500 años, pero no serán eternos a menos que no se preserven como es debido. Las visitas masivas son sinónimo de polvo, oscilaciones de temperatura y humedad, y proliferación de otros elementos contaminantes. Por respetuoso que sea nuestro paso por el templo, los efectos que generamos en él son inevitables.

Dada la situación, se llegó a plantear la posibilidad de restringir el número de visitas para contribuir a la preservación del templo. Sin determinar el cómo y el cuándo, la solución carecía de alternativas. Hasta ahora. Según informan algunos medios, una empresa norteamericana se ha comprometido a instalar un complejo sistema de climatización en la Capilla Sixtina que conservará estable el ambiente en el interior del recinto.

La noticia es espléndida, pues permitirá que los visitantes sigan accediendo al templo con normalidad. Sin embargo, no puede ser exclusiva. Un mayor control en el flujo de visitas, así como la ampliación de los horarios y de los formatos de acceso, podrían contribuir a evitar la masificación y a preservar esta joya.

Cuáles serán finalmente los cambios y medidas es aún una incógnita. En cualquier caso, a todos nos gustaría que nuestros hijos, nietos y bisnietos pudieran disfrutar de la Capilla Sixtina tal y como nosotros lo hemos hecho. Y para ello quizás sean necesarios algunos sacrificios.

Vía: La Vanguardia.

Foto: Beyond Forgetting.

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