Minnehaha Falls, paisajes cambiantes frente y detrás de una cascada

Estas cascadas de las afueras de Mineápolis pueden ser contempladas desde el exterior, con el agua siguiendo su curso y regalando un picnic veraniego. Pero también desde detrás, gracias a la cámara que el hielo dibuja en verano tras su caída de agua.

Viajamos hasta Mineápolis, ciudad más poblada del estado de Minnesota (Estados Unidos), con una población de unos 380.00 habitantes. A unos pocos kilómetros del núcleo urbano, sin casi percatarse uno que ha salido de él, encontrarmos el parque de Minnehaha.

Se trata de un lugar cuyo nombre significa “cascada” en idioma Dakota, pero que en realidad toma grandes referencias del poema épico “La canción de Hiawatha”, escrito por Henry Wadsworth Longfellow en 1855. Minnehahah es, en este caso, el nombre de la amada del protagonista. Y, sin ir más lejos, a ambos los encontraremos reflejados a modo de estátua en este parque.

Quizás por ello muchos dicen que el mejor modo de visitar el Parque de Minnehaha es tras haber leído el poema. Pero en cualquier caso, lo que es cierto es que es una visita tranquila y muy agradable, ideal para realizar con amigos o en familia y para desconectar del siempre bullicioso entorno de la ciudad.

Sobre todo porque, entre caminos y vegetación, nos esperan las Minnehaha Falls. Estas cascadas se han convertido en un mito no por sus 16 metros de caída, formando un pequeño lago entre rocas. Nada que no podamos contemplar en muchos otros lugares.

La peculiaridad de estas cascadas es el paisaje cambiante que ofrecen en cada época del año. Aunque la favorita para muchos es el invierno, cuando la cascada se congela completamente y se genera un fenómeno muy peculiar.

Gracias a una cavidad rocosa tras el salto de agua, la cascada congelada permite a los caminantes pasear por su parte trasera. O lo que es lo mismo, entre la roca y el agua. De este modo uno se adentra en una auténtica cueva de hielo y roca, con un festival de colores y matices gracias a la luz que llega desde el exterior.

Sin duda, esto hace que la visita en invierno sea una de las más codiciadas. Pero también encontraremos un paisaje de intenso marrón y estalactitas heladas ya bien entrado el otoño. Un curso de agua frenética abriéndose camino entre el hielo a los inicios de la primavera. O, simplemente, una cascada rodeada de verde e ideal para un picnic en verano.

La zona, de muy fácil acceso, cuenta con aparcamiento propio e incluso con un restaurante, Sea Salt Eatery. A veces incluso con una parada de helados que hará las delicias de los más pequeños. El paseo entre naturaleza es apto para todos los públicos, y más que dificultades ofrecerá un sinfín de alicientes.

Sería una locura recorrer medio mundo solo por ver las Minnehaha Falls, porque es cierto que no tienen tanto de extraordinario. Sin embargo, si nuestro destino es Mineápolis, vale la pena darles una oportunidad.

Foto: sawdust_media.

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