El mítico couscous

Variada y rica, la gastronomía tunecina no pierde de vista el Mediterráneo. Todos los paladares verán sus papilas gustativas satisfechas. Una buena iniciación a los sabores de una buena mesa tradicional empieza con el plato nacional tunecino: el couscous (pronunciado cus-cus).

Cuscus tunecino

No hay restaurante tradicional en Túnez que no lo incluya en su menú. Sea con carne de pollo, cordero o pescado acompañado de verduras, el couscous es un plato completo de los más equilibrados. Sus orígenes se remontan a la antigüedad griega-romana, cuando el “trigo duro” era la base de la alimentación de los pueblos de la cuenca mediterránea y uno de sus más preciados derivados: la sémola (en latín similia).

Es en el siglo VII cuando nace el couscous de mano de los conquistadores del Medio Oriente. A la sémola (semid, en árabe) se le junta un caldo de verduras como acompañamiento. La llaman la sémola « keskes », procedente del árabe koskos-su, lo que significa polvo. Hoy la palabra couscous tiene doble sentido y se refiere a la sémola y al plato completo.

En realidad es solo después de la cocción al vapor cuando a la sémola se le puede denominar couscous. Aún no se sabe en qué fecha surgió la elaboración al vapor, pero según los expertos, habría sido 2 o 3 siglos después de la conquista del Islam.

Hoy, todas las familias de Túnez poseen una olla especial para el couscous, llamada couscousière (pronunciada cuscusier) y una provisión de sémola elaborada según las técnicas ancestrales. Pero, hoy en día, con la vida moderna y la falta de tiempo, es habitual comprar sémola industrial.

Ahora, si lo que desea es saborear un couscous tradicional, basta solicitarlo con antelación a cualquier restaurante indicando que lo que quiere es el auténtico couscous diari , el casero.

Más información / Turismo de Túnez

Foto / dweekly

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