Medicinas y salud en Japón, cómo actuar si enfermamos viajando

Os contamos cómo funciona el sistema sanitario japonés y cómo lo hemos experimentado en nuestra propia piel.

Medicinas y salud en Japón cómo actuar si enfermamos viajando

Si recordáis, hace unos meses hicimos uso de todo nuestro espíritu viajero y nos mudamos a Japón. Un cambio de vida, un cambio de enfoque y así entre noticia y noticia, os vamos contando todo lo que tenéis que saber sobre el país del sol naciente por si lo visitáis con motivo de los Juegos Olímpicos de 2020. Y entre las experiencias que estamos viviendo (muchas, se nos acumulan), no queríamos dejar de hablar de algo tan básico como es ponerse enfermo.

Antes o después enfermerás

Que nadie se asuste: hablamos de un resfriado, de la gripe, de un estándar. Estamos habituados a resfriarnos en España y en el pasado en mi caso particular ya tuve un resfriado viajando a Japón (hace más de 10 años). Ya entonces el modus operandi del virus fue similar a los resfriados en España, dos o tres días pasando por las distintas fases, incluida una inicial con muchísima fiebre. Ahora ha sido un poco lo mismo, pero conociendo el sistema sanitario japonés más de cerca y viendo todo lo que implica ponerse enfermo en Japón. Como sabemos que si estáis mucho en Japón antes o después enfermaréis, queremos hablaros de ello un poco más en profundidad.

El acceso a la sanidad

Como sabéis, la sanidad en Japón no es gratis (no del todo). Hay muchísimo que entender y aprender de cómo funciona el sistema sanitario japonés, porque tiene muchísima letra pequeña. Los japoneses son conocidos por enrevesar todo de una manera condenadamente loca. Hasta lo más sencillo lo complican. Así que la sanidad no iba a ser menos. La conclusión muy rápida que podemos decir es que si que se cubre una parte de la sanidad, una parte que vamos pagando con nuestros impuestos mensualmente desde nuestra nómina (similar a lo que ocurre en España), otra de las partes hay que cubrirla con un seguro de salud y una tercera parte siempre va a caer de nuestro bolsillo aunque tengamos el seguro.

Lo positivo es que la tercera parte no es nada realmente caro. Las facturas del doctor y los hospitales no hacen pagar al paciente demasiado, siendo tan poco en cada visita que no resulta para nada doloroso (llevar al perro al veterinario es mucho más caro en España, por poner un ejemplo). Por su lado, los seguros no son tan caros como se podría imaginar. Hay que elegir bien y asegurarse de que no estamos pagando para nada, pero si tenemos un buen seguro podremos disfrutar de atención médica “cuando lo necesitemos”.

Estamos enfermos, ¿y ahora?

Este paso es complicado. No hay tantos hospitales como podáis imaginar con atención de urgencias. No es como España, donde las urgencias están muy accesibles. Aquí en ocasiones no nos aceptarán y tendremos que irnos a otro hospital donde haya sitio o disponibilidad. El servicio de ambulancia se cargará al seguro como un gasto más, y más vale que no estemos muriéndonos o sea algo de vida o muerte, porque las ambulancias son extremadamente lentas en la forma de operar. No porque el vehículo vaya lento, sino porque tanto para aparcar como para salir con el enfermo, se repiten una serie de pasos de forma burocrática y esquematizada que son aniquiladores de la paciencia de hasta el más pintado. Los japoneses siempre trabajan según las reglas estipuladas en el libro y si para aparcar un operario tiene que bajarse del vehículo y decirle al conductor que mueva el coche centímetro a centímetro hasta dejarlo recto en la plaza de aparcamiento, lo hará por mucho que alguien esté debatiéndose entre la vida o la muerte.

Otro de los problemas es que los hospitales cierran los fines de semana. No se os ocurra poneros enfermos los sábados por la tarde o los domingos, porque va a ser un serio dolor de cabeza. Hay algunos hospitales a los que podéis acudir, pero el pensamiento japonés suele ser de intentar aguantar el dolor hasta que llega el lunes. Y podemos deciros que los japoneses son maestros en aguantar el dolor. Tienen muchos rasgos que los convierten en personas en las que no deberíamos fiar si tuviéramos que sobrevivir a su lado en una batalla (porque sus tiempos de reacción son menores a cero, por ejemplo), pero hay que quitarse el sombrero con su nivel de resistencia al dolor.

laboratory-2815641_1280

El doctor te espera en… ¡el centro comercial!

La alternativa a los hospitales o a las consultas del doctor y los centros es acudir a las clínicas de los centros comerciales. Así como lo escucháis. En muchos centros comerciales hay pequeños hospitales dentro en los que podemos acudir a la consulta del especialista de la disciplina que tengamos el problema. En la entrada rellenaremos un documento que nos darán las enfermeras en el cual pondremos lo que nos pasa, daremos nuestra información de salud (si tenemos alguna alergia, por ejemplo) y haremos un dibujo a modo de círculos sobre la silueta de una persona para que quede aún más claro dónde tenemos el dolor.

Nos mandarán a una sala concreta y ahí esperaremos nuestro turno. Lo bueno de esto es que tenemos acceso a especialistas de forma instantánea. Lo malo es que por nuestra experiencia el diagnóstico de estos especialistas es inmediato, rápido y sin ningún tipo de prueba. Los doctores que hemos visitado son de respuesta rápida. Lo primero que se les pasa por la cabeza tiene que ser lo que te ocurra, hasta sin hacer un análisis de sangre cuando son un tipo de problemas que siempre requieren este tipo de prueba, al menos en España. Se dan medicinas que compramos en la farmacia y nos vamos a casa en cuestión de minutos.

La factura del médico del centro comercial queda cubierta en su mayor porcentaje por el seguro y nosotros pagamos tan poco que a veces vamos al médico solo para hacer pequeñas consultas. Esto es bastante positivo, porque tener especialistas tan a mano siempre va bien. Por ejemplo, tienes alguna cosita en la piel que te da mala espina. En España vas al médico de cabecera y este, que no puede mojarse, te deriva al especialista de la piel. El proceso se alarga al menos dos meses. Aquí vas al centro comercial, le enseñas la espalda y listo. Eso sí, otra cosa es que sea un buen diagnóstico, porque los japoneses son muy dados al “salvo si es un claro problema, todo va bien de momento, sigamos esperando”.

Comprando las medicinas

Si es el médico el que nos ha recetado alguna medicina no tenemos de qué preocuparnos. Vamos a la farmacia con las recetas y esperamos. El proceso es un poco más lento que en España, porque los farmacéuticos se toman su tiempo para buscar las medicinas y cuando han terminado te llaman mientras estás esperando tranquilamente. Pero en base es lo mismo.

thermometer-1539191_1280

Lo preocupante es si necesitamos alguna medicina rutinaria para, como decíamos antes, una gripe (paracetamol, ibuprofeno, cosas de este tipo). Ahí es cuando la situación se complica, porque este tipo de medicinas de bajo efecto están disponibles en las estanterías de las farmacias y hay una enorme cantidad de modelos entre los que elegir. ¿Con cuál hacernos? Hay varias marcas recomendadas, como Lulu EX, pero de lo que os tenemos que avisar es de que las cantidades de carga de estas pastillas son mínimas en comparación con las que estamos acostumbrados en España. Quizá con el cambio en la venta de medicación sin receta todo se haya igualado un poco (ya nos ha cogido fuera del país), pero la recomendación que se hace siempre a los extranjeros cuando se mudan a Japón es que tengan paciencia y dejen que sus cuerpos se acostumbren a las medicinas de potencia baja.

Esto significa una cosa: que si tienes intención de quedarte por un tiempo prolongado en Japón no traigas medicinas de España, porque si tienes un problema mayor y te ingresan en un hospital, los calmantes que te pongan luego no te van a hacer el efecto necesario. Si solo vienes de viaje tenlo en cuenta y trae tus pastillas de España, porque con las que compres en las farmacias japonesas vas a necesitar más tiempo y descanso en la lucha contra la enfermedad.

La importancia que se le da a la gripe

Japón se toma muy en serio el tratamiento de la gripe. La influenza, que es como se la conoce, puede manifestarse con distintos tipos y para los médicos japoneses es crucial que el paciente conozca cuál es el virus que tiene de forma que le puedan proporcionar de inmediato la atención específica que necesita. La manera de descubrir con exactitud cuál es el virus que tienes es mediante una prueba que el médico realiza introduciendo un bastón moderadamente largo (no vamos a negar lo contrario) en la nariz. Quienes tenéis unos orificios nasales grandes y una nariz de proporciones elevadas no vais a tener demasiada molestia, pero todos aquellos con nariz pequeña sí que encontraréis esta prueba bastante incómoda.

El bastoncito es como los que se meten en las orejas cuando nos las limpiamos, pero más largo. Luego, poniendo el bastón en una herramienta de control, el médico puede saber al instante el tipo de virus que tienes y así darte la medicina correcta. ¿Es necesario que vayamos al médico si tenemos gripe? Para los japoneses un resfriado es un motivo de preocupación más imponente que para nosotros, dado que es frecuente que en España pasemos de todo y sigamos a lo nuestro mientras luchamos con el virus. Es decisión vuestra, pero si no vais al doctor inicialmente, no dudéis en hacerlo si veis que el resfriado no desaparece en sus márgenes de tiempo lógicos.

Foto: jarmolukstevepb

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...