Filipinas durante el coronavirus, miedo y preocupación

Filipinas sufre el golpe del coronavirus debido a la ausencia de sanitarios que se ocupen de los enfermos.

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Filipinas es un lugar fantástico, aunque desconocido. No se trata del país asiático que más tenemos costumbre de visitar españoles o europeos en general por mucho que históricamente tenga mucho sentido que tengamos interés en ello. Filipinas fue una colonia española entre los años 1521 y 1898. Fueron siglos de presencia y ocupación española en la que los colonos españoles se asentaron en el lugar, dejaron sus tradiciones y enseñaron a los filipinos prácticamente todo lo que se les ocurrió. Desde idiomas hasta religión e incluso gastronomía. Aún hoy día, y eso que Estados Unidos intentó borrar la huella de España en Filipinas, visitar Filipinas es tener dosis de familiaridad en pequeñas cápsulas que sorprenden por lo curiosas que resultan.

Pero hoy hablamos de la Filipinas el coronavirus. Como todos los países, Filipinas está sufriendo de manera muy dura el golpe del COVID-19. Si en España nos hemos tenido que encerrar en casa para hacer cuarentena mientras vemos cómo trágicamente la cantidad de fallecidos continúa día a día, en Filipinas si bien la situación no se ha complicado tanto (aparentemente, dado que tampoco podemos creer las cifras), también se está viviendo como algo terrible.

La cuarentena se está aplicando con las medidas más duras que se puedan imaginar y el problema en Filipinas es la gran cantidad de personas pobres y sin medios que viven en las ciudades. También hay mucha delincuencia, bandidos y otros individuos que no ayudan a que el concepto de seguridad pueda ser algo que exista con facilidad.

En Filipinas, como en otros países, incluido España, el aviso de la cuarentena también implicó ver a montones de personas saliendo de la capital antes de que esta entrara en vigor. Eso no ayudó a parar la infección ni el desarrollo de la misma. A los ciudadanos les preocupa quedarse sin alimentos, no tener medicinas y no poder superar el encontronazo con el virus porque les falte el apoyo de su gobierno. Lamentablemente, el gobierno actual que dirige el país no es precisamente uno delicado y que piense en sus ciudadanos tanto como a estos les gustaría.

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La última orden dada por el presidente, Rodrigo Duterte, ha sido sorprendente, dado que ha pedido a policías y militares que disparen a matar a todo aquel que intente escapar de la cuarentena o que se revuelva en el proceso ante las autoridades. La desesperación por mantener el país libre de virus en su mayor exponente es enorme. Filipinas es consciente de que no puede plantar cara a una expansión de la infección tal y como está ocurriendo en Italia o España. Si se encuentran en ese tipo de situación, el futuro de Filipinas sería incierto, dado que no cuentan con medios suficientes para plantar batalla al virus.

Los militares se han adelantado a decir que no harán caso a las órdenes del presidente, que por mucho que les pida matar, ellos no lo harán. La policía, en la cual se han encontrado muchos casos de agentes corruptos, posiblemente no siga los mismos pasos del ejército. La lucha de Duterte contra las drogas ha sido desde que se encrudeciera similar. El presidente dio permiso a la policía para que disparase a traficantes y mafias implicadas en la venta y distribución de estupefacientes. Se lo han tomado en serio debido a que quieren acabar con el problema desde la raíz. Esto ha dado margen suficiente a la policía para que organice cazas de brujas y que puedan acabar con personas que se resisten a los chantajes, como empresarios que no quieren pasar por el aro de los pagos en negro a agentes de la policía. Al mismo tiempo, se está dejando de lado la lucha contra otros problemas para la sociedad, como el negocio de las mujeres o los casinos, que invaden Filipinas de una manera drástica.

En la lucha contra el virus crear miedo entre quienes están en cuarentena se convierte en el arma que Duterte se ve obligado a usar a la desesperada. Posiblemente nadie morirá intentando escapar. Seguramente el presidente lo sepa y seguro que hay otras órdenes bajo esas órdenes que se han dado de forma pública. Pero crear miedo es la única manera de contener a los rebeldes que intentan crear el caos en medio del colapso. Su otro problema es que los sanitarios, médicos, enfermeras y otros profesionales, están escurriendo el bulto de su responsabilidad. No es algo absoluto, pero hay muchos profesionales de la sanidad, la mayor parte, que han preferido poner pies en polvorosa al no tener los medios necesarios para tratar a los enfermos.

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Los españoles tenemos mucha suerte de contar con los kamikazes de la sanidad, dado que esto no es algo que pase precisamente en todo el mundo. Aunque enfermeros y doctores por igual se comprometen a un juramento para ayudar a quien lo necesite, en países como Filipinas el riesgo no les compensa el esfuerzo ni el apoyo que pueden dar a sus ciudadanos. Los médicos huyen, se esconden y ni siquiera atienden de forma privada con importantes sumas de dinero de por medio. Saben que exponerse al virus y dejar que este se cuele en sus vidas se puede convertir en el paso previo hacia una neumonía mortal. En Filipinas los ciudadanos están abandonados a su suerte con unas condiciones higiénicas en las calles que no son precisamente buenas ni siquiera en la capital.

Es triste ver la situación actual en un país en el que España hizo tanto, donde dejó su gastronomía, su religión, sus nombres, sus apellidos, sus costumbres, sus palabras y muchas de sus tradiciones. Es triste ver cómo España no está precisamente en una situación adecuada en la que prestar ayuda a Filipinas. Tampoco sabemos si, aunque exista una relación cordial entre ambos países, habría ese tipo de ayuda por parte de nuestro gobierno. El problema es que políticamente Filipinas se está alineando con Rusia y China, intentando ser una más de ese eje problemático que parece ser la antesala de problemas futuros a nivel mundial que seguro que causarán graves consecuencias. Y con ese tipo de alineación, dando el apoyo a China y Rusia, resulta complicado que España vaya a meterse de por medio, dado que no parece el entorno idóneo.

Pero por respeto histórico, por el vínculo que nos une con los filipinos, en parte de sangre, dado que miles de españoles se asentaron en Filipinas y tuvieron descendencia, no sería un mal gesto que España pudiera hacer algo al respecto y echar una mano a esta nación. Por supuesto, esto no va a ser algo que ocurra en pocos días, dado que todos sabemos que ahora mismo la situación en la que se encuentra nuestro país es una de las menos favorables del mundo entero. Pero miramos hacia el futuro porque sabemos que vamos a salir de esta, quizá no con la cabeza tan alta como podríamos haberlo hecho de haber reaccionado a tiempo, pero sí demostrando que a fuerza y garra, a resistencia y cabezonería, no hay nadie que gane a los españoles. El coronavirus no va a ser lo que acabe con nuestra sociedad y esperamos que tampoco sea lo que lleve a Filipinas a un estado crítico. Sus ciudadanos merecen poder mirar adelante.

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