¿Debería planificar las vacaciones para el próximo verano?

El verano de 2021 no parece condenado en su totalidad, pero de momento es pronto para llegar a la conclusión de si deberíamos viajar.

En los últimos días leemos en blogs, redes sociales y oímos en vídeos y podcasts, los planes que tienen cientos de españoles de salir a viajar y disfrutar de las vacaciones de verano. Lo que más nos ha sorprendido al ir saltando de un testimonio a otro ha sido la forma en la que se plantean muchas de estas declaraciones, en las que los protagonistas en cuestión niegan la realidad y se escudan en un manto de lo que podríamos llamar optimismo y fantasía. Porque da la sensación de que se ha puesto en funcionamiento el plan «Salva el verano» por encima de todas las cosas.

Posiblemente sean personas que no estén al tanto de las últimas noticias: en los últimos días se ha batido el trágico récord de mayor número de muertes acumuladas en una sola jornada. O dicho de otra manera: la situación en el país sigue siendo crítica. Continúan muriendo miles de personas, tanto por la COVID-19 como con la COVID-19. Y es importante destacar este punto, puesto que la gravedad afecta a los dos grupos por igual.

Todas aquellas personas que creen que la COVID-19 es algo a lo que hay que darle poca trascendencia y cuyo efecto no es tan letal como se dice, deben pensar que lo que ocurre cuando hay más infecciones es que los hospitales se saturan más. Porque aunque no se ingrese a un paciente de gravedad, sí hay una gestión que realizar, unos tratamientos que darle al positivo por coronavirus y una atención médica que darle por parte de enfermeras y doctores. ¿Y cuál es el problema? Que la sanidad pública se ha colapsado y que se están retrasando miles y miles de intervenciones y operaciones que deberían estar realizándose ya mismo. Esto es lo que provoca fallecer con COVID-19 y no por COVID-19 y ambos casos son terribles.

A personas enfermas que no tienen el coronavirus, pero que deberían estar ingresadas en los hospitales, se les da el alta mucho más rápidamente que en una situación normal. No hay posibilidades de tener a esos pacientes en observación porque faltan camas y recursos para ello. ¿Pensamos que todas esas personas que reciben el alta antes de tiempo acaban bien? Podemos decir que no, ni mucho menos, y hablamos, lamentablemente, con conocimiento de causa.

Por ello, cuando leemos esas ideas de «Salva el verano» y de «vamos a organizar las vacaciones de verano«, lo único que podemos pensar es en cómo queremos aislarnos en ese mundo de fantasía y color donde no ocurre nada. O las personas que piensan que por viajar a la playa, teniendo cuidado de no contagiarse, no tendrán ningún problema. ¿De verdad alguien es capaz de tener una seguridad al 100% de que todo irá bien? ¿de que no se contagiará y que no servirá para que el virus siga circulando? Si hablamos de 100.000 personas, ¿Cuántas de estas se habrán equivocado y habrán contribuido a la expansión de la COVID-19? Porque la probabilidad nos dice que el 100% es cada vez más difícil de mantener a medida que aumentas las cantidades.

A nosotros nos encantaría irnos de vacaciones ahora mismo. Hacer la maleta e irnos a cualquier lugar, a disfrutar del buen tiempo, a desconectar, a relajarnos. Pero no lo hacemos porque hay que ser conscientes de todo el tiempo que hemos estado confinados, de todo lo que hemos aguantado ya y de la forma en la que hemos sufrido hasta llegar aquí. Dicho esto, recordemos que la campaña de vacunación ya ha comenzado y que estamos en la recta final de esta pesadilla por la que todos estamos pasando.

Por eso posiblemente sea mejor, si hacemos planes para las vacaciones de verano, porque nunca se sabe si estos meses van a cambiarlo todo y llegaremos a julio con una situación que haya cambiado de manera considerable, que seamos precavidos. Pero si la cosa sigue mal, continúan falleciendo miles de personas todos los días y el curso de expansión del coronavirus no se detiene, no estaría mal que aplazásemos esas vacaciones un poco más y que comencemos a pensar en la Navidad, por ejemplo, momento en el que esperemos que todo se encuentre mucho más tranquilo y que podamos empezar a vivir de nuevo.

A diario soñamos con viajar, con volver a explorar nuevos lugares, relajarnos tumbados al sol en la playa, explorar montañas, escalar montes o pasear por calles de ciudades y culturas que son totalmente opuestas a las que conocemos. Pero después de lo que hemos sufrido, de las personas a las que hemos perdido, de los sueños que se han roto, de las promesas que se han incumplido y de lo mucho que hemos llorado y sentido, queremos viajar sin mascarilla y con libertad. Llegará el momento, es cuestión de tiempo que la humanidad se imponga al virus.

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