Coronavirus en Japón, viviéndolo día a día

Japón es el país con mayor cantidad de infectados por el coronavirus después de China, lo que ha llevado a que la sociedad entre en alerta.

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En los últimos días hemos estado pendientes de una autorización por parte del gobierno japonés para poder cubrir oficialmente la situación actual en la que se encuentra sumergido el país respecto al coronavirus. Ya hemos hablado del virus con anterioridad y posiblemente estéis al tanto de todo lo crucial sobre la infección. También sabréis que ahora mismo Japón encabeza la lista de países en cuanto a número de infectados fuera de China. Hay distintos motivos que llevan a ello y que están preocupando a gran parte de la sociedad nipona (la otra parte es la que no se toma en serio los alarmismos para crear equilibrio entre los que se dejan llevar por el pánico y ellos).

Desde el principio se imaginó que Japón sería territorio de riesgo para el coronavirus porque el país está muy cerca de China y además suele ser el destino elegido por los chinos para sus vacaciones. Como los alemanes vienen a España en busca de sol y playa, los chinos van a Japón en busca de lujo, diversión y categoría. Y por supuesto, muchos chinos llegaron a Japón tanto antes como después de que comenzara todo el problema. Durante esos primeros días de incertidumbre era frecuente ver a ciudadanos chinos en zonas turísticas con maletas, llevando a preguntarnos si acabarían de llegar de Wuhan o si no deberíamos temer nada.

Al gobierno japonés se le ha criticado mucho por cómo ha gestionado la forma de tratar el virus. Sus decisiones suelen ser muy nacionalistas y beneficiar siempre al ciudadano japonés, en ocasiones aunque esto vaya en contra de toda lógica. Lo que, por otro lado, hace que los ciudadanos del país se sientan arropados por su gobierno y que realmente importan, por mucho que signifique exponer al resto de la nación a ciertos riesgos. No se puede decir que no haya dos caras de la moneda y resulta complicado llegar a hacer una valoración sobre ello, pero es fácil ver que una gran parte de los ciudadanos japoneses agradecen a su gobierno las decisiones tomadas.

Japón sacó a sus evacuados de Wuhan y se los llevó al centro de Tokio. Hizo una conferencia de prensa en la que dos de estos evacuados hablaron de la situación y de cómo lo habían vivido. Aunque llevaban mascarillas, uno de ellos no la usaba de forma conveniente (la mascarilla debería tapar nariz y boca para ser útil) y los periodistas que estaban frente a ellos (en una cercanía sorprendente) se expusieron. A veces se busca crear sensación de seguridad y confianza con medidas como «que los periodistas estén cerca, demostremos que no hay virus ni riesgo», pero se deja de lado la importancia de ser lo más precavidos posible. Dos personas del primer grupo de evacuados se marcharon negándose a hacerse la prueba para saber si tenían el virus. Los demás fueron dirigidos a un hospital. Se cree que también hay quienes han permanecido en su hogar haciendo una cuarentena doméstica. Los propios periódicos no se ponen en común sobre lo ocurrido a nivel global.

El grupo en cuarentena pasa los días en un hospital de Chiba (la ciudad desde la cual escribo estas líneas) sin dejar que los medios hagan cobertura de ello. Nada que ver con el Gran Hermano VIP que se está viviendo en España, donde los compañeros periodistas que están recluidos aprovechan para la que posiblemente será una obra a modo de crónica-diario que les proporcionará algún que otro galardón (si hay algún giro de los acontecimientos que aporte más chicha a su estancia hospitalaria, claro está). Japón es un digno exponente en lo relacionado con mantener la privacidad, integridad y respeto de quienes están pasando por la cuarentena. Es digno de aplauso. Menos digno de aplauso es que una persona de las que estaban haciendo evacuación se haya aparentemente suicidado cayéndose edificio abajo (uno de los métodos de suicidio más extendidos). La investigación está entre manos, pero la cuarentena suponemos que reduce mucho las opciones de quienes están al frente de la misma.

Un nuevo virus activa las alarmas en China

En paralelo la gobernadora de Tokio participa en un evento multitudinario ante miles de personas. Les pide dos cosas con la educación característica de los japoneses. La primera: que todos nos pongamos mascarilla. La segunda: que nos lavemos las manos. Sorprende que en una sociedad como la japonesa se deba recordar a las personas que se laven las manos. Pero la realidad es que los extremos mandan en la sociedad nipona y hay tantas personas pulcras como personas que son totalmente lo opuesto. De cara a la galería es frecuente que se muestre el lado pulcro al cual todos estamos tan habituados desde el exterior, pero lo cierto es que al menos en los hombres es más frecuente de lo que se pudiera imaginar el no lavarse las manos después de haber ido al baño en un servicio público. Y ya sabemos todos a lo que nos exponemos con esos problemas de higiene. La transmisión de los virus gana terreno gracias a ello.

La gobernadora hace especial hincapié en el uso de mascarillas, pero la realidad es que desde hace alrededor de una semana las tiendas no tienen ningún tipo de stock. Como decíamos, la sociedad japonesa tiende al extremo (algo que también ocurre en otros muchos países, no nos engañemos). Una parte de ella se relaja y se despreocupa esperando a que el gobierno haga el anuncio más crítico posible de que algo va mal. La otra parte está escarmentada y actúa con rapidez, en ocasiones con demasiado alarmismo, pero dejando claro que a ellos no les va a coger la crisis con el culo al aire. Esta segunda parte de los japoneses son preppers en potencia. La vida les ha enseñado a estar preparados en un país donde en cualquier momento, sin previsión alguna, se puede producir un terremoto o tsunami que haga que tengas que abandonar tu hogar a toda prisa para ponerte a salvo. Nos sorprende, después de estar residiendo aquí los últimos meses, que la mayor parte de los japoneses no encajen en este grupo. Porque después de todo lo que ha ocurrido en las últimas décadas sería como para no querer que la vida nos sorprenda de nuevo.

El problema es que los fabricantes y las tiendas no se preparan y no juegan con los riesgos que les rodean para tenerlo todo listo. No actúan pensando en el segundo grupo de japoneses, sino que mantienen una estabilidad lineal a lo largo de todo el año caiga quien caiga, hasta que el propio mercado les empuja a reaccionar. Esto lleva a que se haya producido la situación de la que os hablábamos y en unas horas, días atrás, las tiendas agotaran sus stocks de mascarillas. Si bien en los comercios se ponen límites del tipo de «solo 1 unidad por persona» o similar, los stocks se agotan igualmente a máxima velocidad. Primero desaparecen las mejores ofertas, después los ciudadanos van bajando sus estándares y pagando más o comprando productos más caros o de mejor calidad. Para el final quedan las mascarillas especiales, aquellas que incorporan sistemas de frío o calor y que se comercializan en paquetes pequeños, por lo que no resultan demasiado prácticas. También queda más stock de lo que se podría creer de mascarillas infantiles, posiblemente porque los niños de cierta edad ya utilizan las de adultos.

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Las mascarillas desaparecen de las tiendas y pasan a acabar en los armarios de los ciudadanos precavidos, mientras que aquellos que han tardado en reaccionar se quedan sin la posibilidad de protegerse. A corto plazo no hay riesgos: todos los japoneses tienen mascarillas en sus casas para unos días-semanas. La mascarilla es habitual entre las personas que se resfrían, para mantener encerrado el virus y no transmitirlo a otras personas, por lo que todo el mundo tiene mascarillas en el hogar (mayor o menor cantidad dependiendo de las circunstancias, claro está).

Me llegan noticias de que en España los ciudadanos chinos están comprando las pocas mascarillas que hay en las tiendas españolas para enviarlas a China. También me dicen que hay chinos vendiendo mascarillas en las bocas de metro de Madrid. Esté ocurriendo lo que esté ocurriendo, la recomendación que os puedo dar es que tengáis al menos una caja de mascarillas en casa, por lo que pudiera pasar. No os va a resultar una gran inversión y aumentará vuestras posibilidades de estar sanos si se llegara a extender el virus.

Volviendo a Japón, lo siguiente que se agota en las tiendas es el alcohol. El alcohol para limpiarse las manos se agota con rapidez en todas sus variantes. Botes grandes, recargas, botes pequeños, alcohol para limpiar mesas que también podemos usar en nuestras manos… cualquier tipo de alcohol desaparece. Se recomienda usar el alcohol cuando estamos fuera de casa y queremos usar las manos para algo, como comer. Una descarga de alcohol nos permite sobrevivir si no podemos lavarnos las manos en ese momento. El alcohol lo mata todo. Teóricamente. Los ciudadanos se sienten más tranquilos con el alcohol. Los fabricantes demuestran, como los de mascarillas, que tampoco se han preparado para la demanda que está teniendo el alcohol en las tiendas. Se ven estantes vacíos y posibles alternativas que, en realidad, no cumplen con las necesidades que nos proporciona el alcohol que se comercializa para higienizar las manos y limpiarnos de posibles bacterias.

Después de las mascarillas y el alcohol, es el turno de las toallitas empapadas con alcohol, que también se agotan en poco tiempo como si estuviéramos presenciando la caída de unas piezas de dominó. Los japoneses llegan a la conclusión de que si necesitan alcohol para limpiarse, no hay ningún problema en usar las toallitas empapadas de alcohol para ello. Y están en lo cierto, por supuesto. En poco tiempo ya es imposible encontrar estas toallitas y las estanterías de las tiendas quedan llenas, únicamente, por paquetes de toallitas húmedas, pero sin ningún tipo de alcohol. En los propios envases, para desgracia de quienes los consultan con ilusión, se indican claramente «sin alcohol».

Pasan los días y las estanterías de las tiendas están igual: vacías. Día a día lo que sí vemos es más personas usando la mascarilla. Por supuesto, no todo el mundo lo hace. Y es fácil encontrarse en lugares públicos o transporte, como metro y tren, a personas que aún resfriadas (siendo optimistas) y estornudando optan por no utilizar mascarilla. Quizá se les hayan agotado. Quizá simplemente sea una persona despreocupada, dado que todavía hay una gran parte que no está tan alarmada como se podría imaginar por lo que está ocurriendo.

El gobierno intenta tranquilizar. Se dan mensajes que animan a relajarse. El kit de test del coronavirus está entre manos. Japón progresa. Nadie quiere oír rumores acerca de la posibles cancelación de los Juegos Olímpicos, aunque imaginamos que la pesadilla nocturna para los dirigentes de la nación respecto a ello es constante. La situación debería ser muy negativa para que se cancelase la cita olímpica, dado que el orgullo de los japoneses les empuja a remar siempre hacia adelante y no detenerse ante los obstáculos. Pero habría que ver si llegado el momento la cancelación no es lo más lógico, dado que se puede convertir en un punto de inflexión en el crecimiento del virus. Para ello aún quedan muchos meses y posibilidades de que todo vuelva a la normalidad.

Lo último que ha ocurrido en el país es la puesta en cuarentena de un crucero en el que viajan casi 4000 personas sumando tripulación y pasajeros. Se descubrió que un pasajero de 80 años tenía el coronavirus y ahora los responsables médicos han comenzado a hacer trabajo para diagnosticar si hay más personas que lo puedan tener. El problema es que ya anteriormente las autoridades sanitarias del país han fallado a la hora de detectar la infección, dando por bueno el estado de personas que después han manifestado el virus. Por lo tanto, es posible que una vez más haya quienes se crea que están sanos cuando en realidad esconden el coronavirus en sus cuerpos. Y la cuarentena se espera que solo dure 24 horas, por lo que las posibilidades de que alguna de estas personas se marche con el virus son enormes.

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Pero al mismo tiempo, imaginamos que hacer cuarentena a casi 4000 personas en un crucero es prácticamente imposible. O al menos podríamos decir que se trata de un infierno logístico al cual el gobierno japonés (ni ningún otro) se quiere enfrentar. Aquí es cuando entra en juego la toma de decisiones serias, de hacer lo máximo para evitar la catástrofe o arriesgarse a dejar que fluya y cruzar los dedos para que la situación no empeore. Lo cierto es que no envidiamos a ninguno de los políticos japoneses que se tiene que enfrentar a la toma de decisiones, dado que se trata de una situación de lo más problemática. Posiblemente en el más mínimo detalle, en la más pequeña de las decisiones, se pueda encontrar la diferencia a que todo derive de una u otra manera, por lo que en cierto modo a nosotros solo nos queda cruzar los dedos y estar preparados.

Por lo pronto, ya se están tomando medidas y dando recomendaciones. El virus no se contagia simplemente por el aire por mucho que estemos cerca de una persona infectada, al menos esa es la idea. Tenemos que tener cuidado de los estornudos, de las bacterias que flotan alrededor y de lo que tocamos con las manos. Hay que tener precaución en no tocarse los ojos, dado que es una vía de entrada, y también de no tocarnos la nariz en esos momentos en los que pueda existir el riesgo. Llevar máscara es una ayuda, pero no es el método de protección definitivo. Nos tenemos que lavar bien, eliminar las bacterias y posibles virus. También es preferible que desechemos la idea de ir a sitios donde se congreguen miles de personas. Lugares como Disneyland, Universal Studios o parques temáticos similares de Japón, no son el mejor lugar en el que pasar el día. Los centros comerciales aún son seguros, pero como siempre, tenemos que ser precavidos y ser muy conscientes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Ante todo, no hay que tener miedo de ciudadanos chinos que estén cerca. No todos tienen el virus. Si la situación va a peor, llegará un momento en el que no importará si somos chinos, coreanos, japoneses u occidentales: todos podríamos ser portadores. Seamos cautos y analicemos el entorno que nos rodea para saber a quién no deberíamos tener a nuestro lado. Ahora mismo cualquier resfriado puede ser el coronavirus. Esa es la idea a tener en cuenta.

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