Museo Franz Mayer, una visita recomendable

El Museo Franz Mayer de México es uno de los más recomendables si tenemos la ocasión de visitar DF.

Museo en ciudad de México

Es difícil elegir entre los distintos museos que se pueden visitar en la ciudad de México, pero si tuviéramos que pensar en uno de los más originales y que más han conseguido impactar entre los visitantes desde su apertura, no dudaríamos en mencionar el Museo Franz Mayer. Este se inauguró en el año 1986 y en estas décadas ha logrado transformarse en un lugar de visita prácticamente imprescindible para quienes están de paso por la ciudad y quieren disfrutar con una colección interesante.

Su particularidad se encuentra en que lo que expone se trata de la colección que donó Franz Mayer, un corredor de bolsa alemán que falleció en México en el año 1975. El principal objetivo de Mayer en vida fue reunir obras de arte de gran valor, algo que ha terminado dándole al país una gran importancia internacional. Según estadísticas y valor de las obras, lo que expone el museo de Franz Mayer está representado como la exposición más importante de todo Latino América en lo que se refiere a artes creativas. Es, como podéis apreciar, un lugar que se gana a pulso que lo visitemos y que es lógico que cada vez tenga incluso una mayor relevancia.

El museo se encuentra en el número 45 de la avenida Hidalgo, en DF. Se encuentra abierto de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas, siendo la tarifa de 45$ mexicanos. Si queremos entrar gratis deberemos visitarlo los martes, aunque en este caso no se ofrece acceso a las exposiciones temporales, solo a la permanente.

Un poco de historia

En el año 1882 nacía en Mannheim, en Alemania, Franz Mayer-Traumann Altschu, quien da nombre al museo y que como indicamos, fue propietario de su colección. Aunque estuvo en Alemania a lo largo de su infancia, cuando llegó a los 23 años, en 1905, decidió trasladarse a México. Como muchos de los europeos de la época, se encontró en una situación complicada debido a la revolución que vivía el país. Unos años después de abandonar la nación regresó a ella debido a los fuertes vínculos que ya tenía allí. Esto le llevó a contraer matrimonio con una mexicana, y aunque su esposa falleciera no demasiado después del enlace, Franz optó por seguir viviendo en México. Aprovechó sus conocimientos del mercado financiero para labrarse una gran reputación como corredor de bolsa.

El éxito de sus operaciones financieras le permitieron llegar muy lejos y establecerse en México como ciudadano oficial, algo que vinculó con 1933 cuando obtuvo la ciudadanía. Un ritmo de vida flexible, debido a su tipo de trabajo y sus muchos ingresos, le apoyó en su afán de conseguir una gran colección de obras de arte. Le gustaba la fotografía y las artes decorativas, algo que fue engrosando su colección por medio de distintas adquisiciones.

Su colección llegó a contar con más de 10 mil obras, desde libros hasta prendas textiles, pinturas y fotografías. Se convirtió en un habitual de las casas de antigüedades y de las subastas que se realizaban no solo en México, sino también en el resto del mundo. Esto le llevó a tener una colección envidiable. Una vez alcanzó una edad avanzada, a los 81 años, decidió que era hora de asegurar que sus pertenencias se preservaban de forma adecuada. Decidió devolverle a México la felicidad que el país le había otorgado y por ello organizó todo lo necesario para que, a su muerte, su colección se expusiera en un auténtico museo disponible para todos los amantes del arte. Cuando falleció en 1975 se puso a trabajar la maquinaria que llevaría a que en 1986 se inaugurara el recinto. Hoy es una de las grandes colecciones de México.

Un museo para recomendar

Además de visitar la exposición y participar en sus actividades, el interés añadido que también nos proporciona el Museo de Franz Mayer se encuentra en el edificio en el que se encuentra. Como ocurre con los buenos museos, no se trata de un simple lugar construido de forma reciente, sino que se trata de un edificio cuyo origen data de muchos siglos atrás, a la época en la que España todavía se encontraba con presencia en México a través del virreinato. A lo largo de su historia el edificio pasó por diversos usos significativos, como el de hospital, pero ha llegado a establecerse de forma oficial y definitiva en la forma de este museo.

La colección del museo está compuesta, principalmente, por las distintas obras que adquirió Franz Mayer en su época, aunque también se han ido haciendo algunos añadidos con el paso del tiempo. Las exposiciones temporales, sobre todo, son la ocasión por la que se opta para sorprender a los visitantes con nuevas propuestas que puedan llamar su atención. La filosofía de Mayer, que pasó mucho tiempo participando en subastas y visitando tiendas de anticuarios en busca de las mejores obras de arte, se ha ido manteniendo activa, aunque con las limitaciones obvias que tiene un negocio como este.

En general la colección se divide en seis secciones diferentes: plata, cerámica, pintura, escultura, mobiliario y textiles. Además, es posible disfrutar con documentos que fueron escritos por el propio coleccionista, en algunos haciendo solicitudes a anticuarios y expertos para ver cómo se podría gestionar la adquisición de diferentes obras. Al coleccionista siempre le atrajo lo que aportaba valor creativo a cada una de las obras y es algo fácil de comprobar en, por ejemplo, los distintos muebles de esta parte del museo. Considerada como una de las mejores colecciones al respecto en todo México, la selección de mobiliario rompe fronteras y ha conseguido atraer visitantes de todo el mundo.

El museo también proporciona un especial interés a la fotografía. Los seguidores del propio Franz Mayer y del trabajo que realizó a lo largo de los años con la colección pueden alegrarse al ver que entre obras de artistas de renombre también se encuentran las propias fotos que realizó el coleccionista. Como gran aficionado a la fotografía llevó a cabo fotos en todo el mundo a través de los distintos viajes que realizó, algo de lo que ha quedado una buena muestra en el museo. Todo ello convierte este lugar en uno de los que no deberíamos perdernos si visitamos México.

Foto: Eneas De Troya

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