Yakushima, el bosque encantado de Japón

Troncos centenarios, raíces imposibles que escapan del suelo para invadir el entorno. Musgo, humedad y neblina. Este bosque japonés lo tiene todo para inspirar los mejores cuentos de hadas y para hacer volar nuestra imaginación.

Los lugares lluviosos tienen el don de originar ecosistemas únicos. Ya lo vimos al hablar de los dos paraísos de la lluvia eterna, con precipitaciones anuales que se movían alrededor de los 11.000 mm. El bosque que hoy nos ocupa le va a la zaga, y por eso ha sido capaz de crear, gracias a siglos de historia, un paisaje digno de un cuento de hadas.

Hablamos de la isla japonesa de Yakushima, situada al sur de la tercera isla en dimensiones de Japón, Kyushu. Es un enclave pequeño, de apenas 500 km2 y 15.000 habitantes, capaz de concentrar en poco espacio una riqueza incalculable. El motivo es un alto nivel de humedad, una neblina casi perpetua, y una vegetación tan frondosa que se encierra en sí misma y crea un paisaje sombrío y místico.

El gran protagonista del bosque es el cedro japonés, conocido como ‘sugi’ en Japón. Sus raíces milenarias se entremezclan con las de otras especies, y conforman un espectáculo de brazos que parecen moverse y querer atraparte. De hecho, así lo han hecho con los troncos y piedras cercanas, de las que se han apropiado sin piedad. También el musgo, omnipresente, ha invadido el espacio y teñido el sotobosque de verde intenso.

Riachuelos, cascadas y estanques han acabado de conformar el paisaje. Un paisaje habitado por ciervos, macacos, tortugas marinas migratorias y algún que otro perro mapache japonés, pese a no ser una especie autóctona de la isla. Todo ello nace, crece y convive bajo el entramado de ramas y hojas de Yakushima, un lugar cuya magia ha inspirado a varios creadores de manga y anime japonés.

Este último factor, sumado a su belleza, explica la creciente afluencia de visitantes a la zona. Unos 300.000 turistas visitan Yakushima cada año, y en su gran mayoría llegan a través del aeropuerto que conecta la isla con el núcleo del país. No es para menos si, además, tenemos en consideración la retahíla de reconocimientos de los que goza. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1993 y Reserva de la Biosfera desde 1980.

Es evidente que el de Yakushima es un ecosistema frágil, que depende del desarrollo y el turismo sostenible para seguir perviviendo. Sin embargo, tiene la mitad del camino hecho gracias a la consciencia medioambiental de su población.

La electricidad de la isla se produce mediante energía hidráulica, e incluso existe un superávit energético que se ha utilizado para producir hidrógeno. Lo cual ha servido a la japonesa Honda para desarrollar sus motores de hidrógeno. Así que esta isla no solo es respetuosa consigo misma, sino que contribuye indirectamente a la futura sostenibilidad del planeta.

¿No os parece una escapada perfecta?

Foto: Kabacchi.

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