Curiosidades sobre la Estatua de la Libertad

La Estatua de la Libertad es uno de los monumentos más conocidos del mundo, pero guarda algunos secretos.

Estatua de la Libertad

La Estatua de la Libertad es inconfundible. La gran dama americana, obsequiada por los franceses a los estadounidenses en 1886 como conmemoración de la Declaración de Independencia, es un monumento nacional y forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. También es, para todo viajero, una visita esencial en cualquier viaje a Nueva York. Pero, aunque hayas visto de cerca este icónico monumento, seguro que todavía hay cosas que no conoces sobre él. ¡Ponte a prueba con estas curiosidades sobre la Estatua de la Libertad!

Comenzamos con algo esencial. ¿Sabías que el nombre real del monumento no es Estatua de la Libertad? El nombre oficial de la dama de la antorcha es La liberté éclairant le monde; es decir, La Libertad iluminando el mundo. Sin embargo, tras décadas llamándola por su apodo más conocido, pocas personas recuerdan ya el nombre original del monumento. Otra curiosidad de la estatua la encontramos en su famosa corona, que cuenta con siete puntas. El número no es casual: cada punta representa un océano y continente. De hecho, pocas partes del cuerpo de esta gran dama son fruto de la casualidad. Si te fijas en la cara, aunque sea imposible de saber a primera vista, estarás observando el rostro de la madre del escultor. Y es que Frederic Bartholdi, el creador de la Estatua de la Libertad, se inspiró en la cara de su madre para esculpir el rostro de la figura. Aunque la estatua en sí representa, en conjunto, a Libertas, la diosa romana de la libertad.

Otro aspecto que quizás te sorprenda sobre la Estatua de la Libertad es su color. Hoy en día, el monumento más famoso de Nueva York, de los Estados Unidos y tal vez del mundo entero es conocido por su curioso color verdoso. Pero la señora Libertad no ha sido siempre así. Cuando Francia regaló la estatua a los Estados Unidos, ésta brillaba con la luz propia del cobre. Sin embargo, a lo largo de las décadas se fue oxidando hasta tomar el tono verde que tiene hoy en día. Curioso, ¿verdad?

Foto / Mon Labiaga Ferrer

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