El castillo de algodón

Un castillo de algodón… suena demasiado bien. Imaginemos un histórico castillo blanco, espumoso como una cascada, construido bajo las mejores manos del universo, las de la propia naturaleza; un castillo de calcáreas de inmaculada blancura, cargado de aguas termales, decorado con increíbles estalactitas, surcado por baches y cataratas, en el corazón de Turquía. Una visión gloriosa acaba de apoderarse de nuestra mente. Y ese lugar único en el mundo tiene nombre: Pamukkale, el Castillo de Algodón. Ahora toca dejar atrás la imaginación y visionarlo con nuestros propios ojos. Cualquiera de esos vuelos o cruceros baratos del día a día pueden acercarnos a esta fuente de vida turca.

Castillo de algodón

Aguas termales del castillo de algodón en Turquía.

Sin duda, es un sitio inusual, natural, histórico, de esos que llevan inscritos el nombre de Patrimonio de la Humanidad porque no tiene mejor calificativo. Su sitio está en Turquía, concretamente en el valle del río Menderes, en la provincia de Denizli, donde podemos disfrutar a lo largo del año de un clima relativamente templado que favorece las excursiones al exterior. El castillo blanco cuenta con 2.700 metros de longitud y 160 de altura, pudiendo ser divisado a gran distancia. En la cima se erigió la antigua ciudad helenística de Hierápolis, hoy en ruinas. La actividad de un terremoto provocó la reconstrucción de la ciudad con un carácter marcadamente ya romano, que sirvió para el descanso veraniego de los nobles del Imperio por sus aguas termales.

La ciudad cuenta con un importantísimo legado arqueológico. Empezando por el Templo de Apolo, edificado con grandes bloques de piedra sin argamasa. Le sigue la fuente monumental (Nympheum), con una fachada en forma de media luna apuntando al sur. No pasa desapercibido el enorme teatro romano, con su cávea, su scena y su orchestra que dejaba sitio para más de 15.000 espectadores. Tampoco pasan inadvertidos los baños romanos, bajo un techo abovedado, conectados entre sí, donde actualmente opera un museo. Ni tampoco las puertas de la ciudad, construidas en diferentes épocas; ni las tres necrópolis situadas al norte, al este y al sudoeste.

 teatro romano

Teatro romano de Hierápolis.

Pero lo más atractivo del lugar, estaba a sus pies. Aquellas aguas termales que hoy hemos heredado. Su nacimiento se produjo a partir de los movimientos tectónicos que causaron frecuentes terremotos en la antigüedad, provocando la aparición de numerosas fuentes. Sus aguas, con su alto contenido en minerales (calcio y bicarbonatos), crearon este maravilloso lugar. Un conjunto de capas blancas de piedra caliza y mármoles cristalinos que descienden en forma de cascadas por la ladera de la montaña, dando la sensación de estar ante una catarata congelada. Esto es Pamukkale. Un lugar sagrado de aguas divinas para los romanos. Un lugar curativo para los griegos. Y un paraíso patrimonial para nosotros.

Fuente: kusadasi

Foto 1: Son of groucho

Foto 2: Radomil

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