Null Stern Hotel, alojamiento en un antiguo refugio nuclear

El Null Stern Hotel, un alojamiento situado en Suiza y ubicado en un antiguo refugio nuclear, no apto para claustrofóbicos

Ya se sabe, para gustos los colores, y más cuando se trata de viajar ya que, cuando salimos unos días de casa, no hay mejor que probar nuevas experiencias. Y para muestra, un botón: en la región suiza de Appenzellerland, cerca de Zürich, se encuentra un viejo refugio nuclear de la época de la Guerra Fría que, desde su reapertura como hotel en verano de 2010 ha recibido a centenares de huéspedes y cuenta con reservas hasta 2014.

Porque, además de su curiosa ubicación, se trata de un hotel “cero estrellas”, una categoría nada usual que le da todavía más atractivo, aunque, consecuentemente, no se trata de un alojamiento con demasiadas prestaciones, y más teniendo en cuenta que está erigido bajo un bloque de apartamentos gris y anodino.

Dada la antigua función del Null Stern Hotel, cuenta con estructura de hormigón compacto de casi dos metros de espesor, así como puertas blindadas  diseñadas especialmente para contener el peso de un ataque nuclear o químico. Eso sí, como ya podéis imaginar, no es el alojamiento más recomendable para personas con problemas de claustrofobia.

Por el contrario, si que es ideal para los viajeros con sed de hoteles curiosos y diferentes y hastiados de las aglomeraciones, ya que el Null Stern cuenta con capacidad para 14 personas repartidas de la siguiente manera: ocho en camas dobles y seis en camas individuales. No sólo eso, su reconocimiento ha sido tal que estuvo nominado en 2012 en los prestigiosos premios del Worldwide Hospitality, que premia anualmente a los hoteles más innovadores.

Los responsables de una idea tan original son los hermano Frank y Patrik Riklin, dos artistas suizos a quienes se les ocurrió darle un nuevo uso a uno de los múltiples búnkeres del ejército suizo. Resultado: un hotel lleno de “sin”, sin restaurante, sin botones, sin ventana, sin internet, sin desayuno incluido…Pero con muchos pros.

Y es que es una obra de arte a gran escala en la que todos los espacios están perfectamente aprovechados. Su televisor, es uno de los antiguos búnkers del refugio conectado a una cámara que enfoca a los Alpes. Por lo que la programación siempre proyecta imágenes de la naturaleza.

Con respecto a su horario, la entrada es de cinco a siete de la tarde, y la salida de ocho a diez de la mañana. Durante el tiempo restante, de dos a cinco de la tarde funciona como un museo, que atrae a múltiples curiosos.

Foto: daquellamanera

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