Los misterios del Barranco de Badajoz, en Tenerife

Una niña que sale al bosque, no regresa en más de 20 años, y cuando lo hace sigue con el mismo aspecto que cuando desapareció. Seres blancos, personajes alados, demonios y ovnis. Todo junto en un mismo destino.

Se acerca Halloween y muchos buscáis destinos misteriosos a la altura de estas fechas. En España tenemos lugares perfectos. Bélmez, con sus fantasmagóricas caras, o el pueblo abandonado de Belchite son buenos ejemplos, y ya los repasamos en un anterior artículo sobre lugares misteriosos en nuestra geografía. Hoy os presentamos uno de nuevo, y que en este caso nos lleva de cabeza a las Islas Canarias.

Nos situamos en la isla de Tenerife, y más concretamente en el término municipal de Güímar, cerca del litoral este de la isla. Allí nos espera un barranco plagado de historia y de leyenda, fuente de algunas de las anécdotas más misteriosas y escalofriantes de nuestro país.

Se trata del Barranco de Badajoz, un entorno natural que lleva fascinando a los exploradores desde hace siglos. Un pronunciado cañón y la vegetación frondosa son los culpables, aunque con el tiempo han ido perdiendo protagonismo en beneficio de seres alados, personajes misteriosos, avistamientos de ovnis y leyendas diversas. Y entre todos ellos, dos historias que sobresalen de las demás.

La primera nos sitúa a principios del siglo XX, cuando dos mineros trabajaban en una galería de agua próxima al barranco (de hecho, la mina ya abandonada aún permanece en la zona). De repente una de las paredes se derrumbó, abriendo el acceso a un pasadizo extenso en el que pudieron contemplar a tres seres muy altos, de aspecto humano y vestidos de blanco. Su relato recorrió la isla y conmovió a sus habitantes.

Años más tarde fue una niña pequeña la que salió a los pies del barranco a recoger peras. Según afirmó ella misma, se quedó dormida bajo un árbol y fue despertada por un ser alto y vestido de blanco. Lejos de asustarse, la pequeña lo siguió hasta un jardín habitado por más seres de su especie. Compartió con ellos un buen rato de charla y regresó a casa.

Bien podría haber sido un sueño si no fuera porque, a su regreso, encontró que su familia había envejecido considerablemente, cosa que a ella no le había ocurrido. En «nuestro mundo» habían pasado más de 20 años durante los cuales nadie fue capaz de encontrar a la joven pese a una búsqueda intensiva.

Todas estas leyendas se complementan con las de personas que han explorado la zona y aseguran haber vivido efectos varios. Desde sentir una presencia sobre sus cabezas, tomar una foto y aparecer un misterioso ser con alas, hasta avistar discos brillantes y voladores en la zona. Otros aseguran haber visto a tibicenas, un animal legendario de la isla semejante a un gran lobo negro y que se relaciona directamente con el diablo.

Las historias reales o imaginarias se complementan con lo científico y palpable. Restos arqueológicos de miles de años de antigüedad, y la evidencia de que la famosa Cueva del Cañizo, a 100 metros sobre el barranco y una de sus mayores fuentes de paranormalidad, fue para los guanches un lugar de entierro. Así lo demuestran las momias encontradas en la zona.

Foto: Jose Mesa.

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