Los cuentos de hadas se viven en Olite

Vive una auténtico cuento de hadas en Olite, Navarra, con un castillo medieval digno de leyenda

Olite

Su castillo fue uno de los más hermosos de Europa

Para todos aquellos ilusos que piensen que los castillos de princesas no existen y que las historias de hadas no son más que leyendas con mucha imaginación, aquí va una prueba de que están completamente equivocados. Y si no, que visiten Olite, un municipio de la Comunidad Foral Navarra que sólo se puede describir con una palabra: mágico.

Olite fue fundada en la época romana y posee una larga historia milenaria. Fue plaza fuerte visigoda, así como enclave árabe. Además, durante la reconquista cristiana, a partir del siglo XII, se convirtió en un importante núcleo comercial. Fue entonces cuando se destruyeron las murallas romanas y se construyó un nuevo cerco. Solamente un siglo después, fue sede real y vivió una nueva época de esplendor. Desgraciadamente, vivió su decadencia a partir de 1512, con la anexión de Navarra a la corona de Castilla. Pero todo ello la convirtió en lo que es ahora, una ciudad encantadora con grandes herencias.

El paso de los años no ha conseguido evitar que conserve un marcado aspecto medieval que puede observarse tanto en el trazado urbano cono en los nombres de sus calles- rúa de la Judería, rúa de la Tafurería, rúa de la Tesendería… Asimismo, cuenta también con magníficos palacios renacentistas barrocos, decorados con grandes aleros y fachadas blasonadas.

De todos ellos, el que despierta mayor interés es el Palacio Real. Se trata de un edificio que Carlos III el Noble y Leonor de Trastámara mandaron erigir a finales del siglo XIV. Su estilo es gótico francés y posee una perfecta combinación de torres y puntiagudos pináculos con distintas dependencias. El conjunto está rodeado por enormes muros de sillería, y en sus esquinas se alzan torres cilíndricas con tejados de pizarra. Sí, como los prototípicos castillos de princesas.

En el interior, se ubica un gigantesco patio sobre el que se erigen cuatro hermosas torres: la del Homenaje, la de las Tres Coronas, la de los Cuatro Vientos y la del Vigía. Tal y como narran las crónicas, este palacio, que se abandonó en 1512 y fue restaurado a mediados del siglo XX- estaba decorado con todo tipo de lujos durante su época de esplendor: labores de yesería, azulejos y alicatados, vidrierias policromadas, techumbres doradas y deliciosos jardines lo complementaban, convirtiéndolo en uno de los más hermosos de toda Europa.

Por si todo lo anteriormente mencionado fuera poco, cuenta solamente con 3.832 habitantes, otro punto a su favor para que sea un destino de vacaciones de ensueño sin multitudes, colas ni agobios. Además, practica el turismo rural. Pedir más, sería un pecado…

Foto: hectorgarcia

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